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Motivar el cambio de comportamiento

Claves para mejorar la conducta y la convivencia en casa

Una mujer y su hijo.
Una mujer y su hijo.
Motivar el cambio de comportamiento

Que un niño/a ocasionalmente se muestre desafiante forma parte de su proceso evolutivo. Hay que tener en cuenta que equivocarse está permitido, de los errores también se aprende. Sin embargo, si los comportamientos inadecuados se producen con demasiada frecuencia se convierten  en un problema de convivencia. Cuando los niños/as no cumplen las normas de casa, se oponen a todas las indicaciones, responden de manera impulsiva con malos gestos, no tienen límites y hacen lo que quieren sin medir las consecuencias de sus actos, produce un gran desgaste en la familia. Por lo que, necesitan pautas que los ayuden a tener un mejor control que favorece su crecimiento y el clima familiar. 

Es importante señalar que si los comportamientos disruptivos son frecuentes siempre van a ir en aumento, no podemos esperar que se solucionen solos. Un niño/a que no acepta normas con seis años no podemos esperar que las acepte con quince años. La solución no es esperar, hay que tomar medidas y cuanto antes mucho mejor. Asimismo, la adolescencia de un niño/a sin límites y normas será mucho más complicada que la de un niño/a que ha entendido el significado del “no”, cumple las normas establecidas en la familia, ha adquirido responsabilidades propias de su edad, valora las consecuencias de sus actos, conoce la frustración, reflexiona sobre sus deseos y entiende sus emociones y las de los demás.

En este sentido, es importante entender que todos los niños/as son diferentes y lo que puede funcionar con unos puede no resultar con otros. Reducir los comportamientos inadecuados no es una tarea sencilla. Habitualmente cuando un niño/a tiene frecuentemente conductas inadecuadas detrás hay algún conflicto emocional, falta de disciplina o llamadas de atención. 

En primer lugar, los niños/as necesitan atención y cariño para aprender las reglas de comportamiento, y en segundo lugar, me atrevo a confirmar que es posible cambiar su conducta pero para ello es importante seguir ciertas pautas que describiré a continuación pero debemos partir de tres premisas imprescindibles:

1. Dedícale tiempo, no se consigue de un día para otro, 2. Escucha activa, necesitan entender e interiorizar las normas y 3. Implica a todos los miembros de la familia, todos deben aplicar las pautas establecidas. 

Saber responder a sus rabietas, faltas de control y/o negativa ante las normas es esencial para evitar que aumenten y aunque no existen fórmulas mágicas, en muchas ocasiones, un simple cambio encamina la situación para que el niño/a sea más feliz y la familia se sienta más relajada. La tranquilidad es la base de una convivencia adecuada y positiva para todos los miembros de la familia. En este sentido, no podemos esperar que los niños se comporten como adultos pero tampoco podemos aceptar las conductas que no favorecen ni su desarrollo ni la convivencia.


PAUTAS


Estos comportamientos negativos pueden ser muy frustrantes para la familia. A continuación, cinco pautas que son clave para conseguir modificar conductas inadecuadas: 

1. Refuerzo positivo. Centrarnos en los comportamientos adecuados, en demasiadas ocasiones solo hacemos referencia a las malas conductas. Debemos mostrarnos orgullosos de sus logros, así aumentará la probabilidad de que se repita el buen comportamiento, al mismo tiempo que favoreceremos su autoestima. No solo los premios son reforzadores positivos, las sonrisas y un gesto cómplice ayuda mucho a nuestros pequeños. Un niño/a tiene que considerarse capaz de lograr lo que le pedimos, si no se considera capaz ni siquiera lo va a intentar. 

2. Establecer una relación afectiva adecuada. Conectar con su emoción y dar a conocer estrategias o respuestas alternativas. También debemos establecer normas claras y las consecuencias de las mismas. Estas normas tienen que ser adecuadas a la edad del menor. Todos los niños/as necesita que los límites sean firmes y claros, ya que no podrán interiorizar ningún tipo de estrategia sino conocen los límites.  

3. Ignorar el momento de la conducta inadecuada. Es muy cierto que necesitamos un extra de paciencia en los malos comportamientos pero no podemos responder con atención porque es lo que buscan. 

4. Instrucciones simples.  Es necesario que las verbalicen, incluso utilizar un apoyo visual es muy positivo para asegurarnos que saben lo que tienen que hacer. 

5. Fomentar el autocontrol y manejo de las emociones, realizar actividades y juegos donde puedan expresarse. Es decir, ayudarlos a gestionar sus propias emociones y trabajar la empatía.  


TÉCNICA PSICOLÓGICA


En muchas ocasiones, para conseguir que las pautas se interioricen es necesario llevar a cabo técnicas que nos ayuden a su consecución. Cuando tenemos que llamarles constantemente la atención, las rabietas son habituales o tenemos dificultad para que cumplan las normas (dormir solos, recoger juguetes, no gritar, hacer sus tareas…). Existen varias técnicas: economía de fichas, negociación de contrato conductual, coste de respuesta, extinción, entre muchas otras. En esta ocasión nos centramos en la economía de fichas. Es una técnica psicológica de modificación de conducta y se basa en la creencia de que el comportamiento puede ser modificado a partir del aprendizaje de nuevas acciones. Consiste en establecer objetivos dependiendo de la edad y priorizando que queremos cambiar (estos objetivos deben ser progresivos). Diariamente, en un cartel semanal el niño/a tiene que ganar puntos por comportarse de determinada manera claramente expuesta.  La consecuencia positiva se pacta antes de comenzar y debe estar recogido en dicho cartel elaborado en colaboración con el menor. Es importante asegurarse que le ha quedado claro como se refleja la consecución o no de los objetivos (pintar de un determinado color o poner una pegatina que señale los buenos comportamientos y otra distinta para los malos). Todos los días, el menor con supervisión de un adulto, debe colocar la consecuencia de sus actos en relación a los objetivos propuestos. Durante este proceso es importantísimo confiar y creer en que será capaz de lograrlo. Por último, señalar que es necesario establecer un supervisor/a semanal que refuerce los objetivos trabajados y tener claro que cuando no se consiga determinado objetivo debemos incidir en que el próximo día pude conseguirlo si se lo propone. En concreto, si los objetivos están bien planteados se adquirirán como rutinas, es decir, si lo planteamos bien y se implica toda la familia estableceremos rutinas que favorecen el desarrollo del niño/a y mejoran la convivencia de toda la familia.