SALUD

Vacunación infantil

Se trata de una responsabilidad de padres y de profesionales sanitarios

Un sanitario vacuna a un pequeño.
Un sanitario vacuna a un pequeño.
Vacunación infantil

Según la Organización Mundial de la Salud, las vacunas salvan 3 millones de vidas cada año. A excepción de la potabilización del agua, ningún otro factor, ni siquiera los antibióticos, ha ejercido un efecto tan importante en la reducción de la mortalidad a lo largo de la historia.

Enfermedades como la difteria, tétanos, poliomielitis, rubeola, sarampión y muchas meningitis han disminuido su incidencia o prácticamente han desaparecido.

Las vacunas han salvado y salvan en la actualidad muchas vidas. Han cambiando el panorama sanitario de nuestros niños, y lo digo avalado por la experiencia de 38 años dedicados a la Pediatría. Existe clara evidencia científica de sus beneficios. Mientras en países con menos recursos, mueren niños y adultos, como consecuencia de enfermedades evitables mediante vacunas, en otros países, sobre todo del llamado primer mundo, surgen movimientos de padres y profesionales sanitarios anti vacunas, que está poniendo en riesgo a la sociedad.

Enfermedades, prácticamente erradicadas, como el sarampión, han resurgido en Europa en los últimos años por la influencia de este movimiento anti vacunas.


En el primer semestre de 2018, se han declarado más de 41.000 casos de sarampión en 10 países europeos, con 37 personas fallecidas. Francia, Grecia, Georgia, Italia, Rusia, Serbia o Ucrania han declarado más de 1.000 casos, cada uno. Estamos ante un claro ejemplo del riesgo de no vacunar


La OMS sitúa a la insuficiente vacunación infantil (movimiento anti vacunas), como uno de los principales riesgos sanitarios en Europa. Ha aumentado el riego para ciertas enfermedades, de tal manera que, si un  niño español menor de 1 año viaja a un país de la Unión Europea, debe adelantar alguna vacuna del calendario que le correspondería por edad (vacuna triple vírica).

Falsas creencias, como que algunas vacunas producen autismo o lesiones neurológicas, han fomentado el crecimiento de este movimiento anti vacunas en Europa.

En Australia, consideran que los niños no vacunados son un riesgo para la salud pública y se ha instaurado la vacunación obligatoria, bajo riesgo de sanción económica.

Los profesionales de la salud (Enfermera de Pediatría, Pediatras,..) deben explicar a la población las ventajas de las vacunas  y contrarrestar la influencia de la desinformación circulante en las redes sociales.

La inmunización mediante vacunas es también un acto de solidaridad hacia miles de niños y adultos: trasplantados, inmunodeprimidos u oncológicos, que no pueden ser vacunados. Cuando la tasa de vacunación a la población en general alcanza niveles altos de cobertura, ejerce un efecto de protección hacia toda la población, conocido como el “efecto rebaño”. Con menos carga de enfermedad circulante, menos riesgo de contagiarse.


Para mejorar la tasa de cobertura vacunal, en países como Francia o Italia, han impuesto la vacunación obligatoria para determinadas enfermedades. En España es voluntaria, aunque en situaciones de crisis sanitaria, en una epidemia, podría declararse que fuese obligatoria (Ley Orgánica 1981)


Recientemente se han vivido situaciones especiales en nuestro país, ante la falta de suministro en farmacias de alguna vacuna no financiada por el Sistema Nacional de Salud, los padres han recurrido a comprar vacunas por Internet o en países limítrofes. La OMS recomienda no comprar medicaciones por Internet, pues la mitad de las que se compran son falsas. Las vacunas además son consideradas como “medicamentos especiales”, y están sujetas a prescripción médica. Si las compramos en el extranjero, infringiríamos la Ley de Importación de Medicamentos, además de no garantizarse la perfecta conservación de la vacuna.

Como moraleja quiero terminar este artículo recordando lo que me dijo un colega, después de trabajar como médico durante varios años en Mozambique:”Cómo se puede ser tan irresponsable, qué rabia me dan algunos europeos, no han visto nunca morir a un niño de sarampión, difteria o tétanos y se atreven a criticar la vacunación”.