LEB ORO

Y ahora ¿nos váis a dejar así?

El COB tumbó contra pronóstico a otro aspirante al ascenso de categoría e invita a pensar en su rendimiento si la temporada se prolongase

Arabesco de Roope Ahonen penetrando a canasta  ante la oposición de Allen. Trist, a la izquierda, palmeará su tiro.
Arabesco de Roope Ahonen penetrando a canasta ante la oposición de Allen. Trist, a la izquierda, palmeará su tiro.
Y ahora ¿nos váis a dejar así?

Este viernes, minutos antes de las 21,00 horas de la noche, después de litros y litros de agua inmisericorde en nuestra pequeña ciudad -que vene moi ben para o campo e para os embalses e para as galiñas ,pero que ya nos está llegando hasta la narices- terminó de llover, se hizo una tenue luz en el cielo y apareció un espectacular arco iris.

Un arco que comenzaba en Casardomato y terminaba, por lo menos, en Rairo. Cubriendo de felicidad y esperanza el ánimo de los sufridos ourensanos y sus paraguas. No hubo grupo de 'whattsapp' ni perfil de 'facebook' que no recogiese tan bello momento. Un respiro entre tan monótono y húmedo panorama.

Un augurio, un adelanto, de lo que sucedería a continuación en el Pazo Paco Paz, en el partido entre el COB y el Manresa. Tras una primera parte en la que el equipo visitante, aspirante al ascenso directo de categoría, arrolló cual tsunami y cogió sin bañador a los hombres de Gonzalo García, todo cambió de forma radical en la segunda. Se hizo la luz, lució el arco iris y venció el COB.

El Manresa desbordó al COB por todos los lados en la primera mitad, con una intensidad defensiva propia de felinos -interesante sería que Kohs o Uzas se inspirasen en el vídeo- y un juego en ataque colectivo, generoso y dejando en evidencia las vergüenzas ourensanas.

La cosa apuntaba a tormenta al final de los primeros 20 minutos, con 31-47 en el marcador y algunos cobistas sin enterarse de qué iba la movida. O, al menos, quienes eran los que la montaban en el Pazo.


Y apareció el arco iris


Incluso en los momentos más embarrados de este COB, está claro que ningún rival de la LEB Oro puede fiarse de este camaleónico equipo, capaz de adoptar todas las posibilidades y estados emocionales del baloncesto.

Pero era necesario ver el arco iris en el Pazo. Quizá apareció cuando un jugador tan experto, de tanta calidad, un exACB con recursos para dominar la categoría llamado Nacho Martín, cometió una providencial falta a Reggie Johnson.

Fíjense en la secuencia. 39-51 en el marcador. Falta impropia de Martín y protesta posterior. Técnica. Cuatro tiros libres de Johnson, otra canasta del base estadounidense con falta en la posesión -castigo de la técnica- rebote ofensivo de Trist y triples de Uzas.

Nueve puntos en un guiño. 48-51 en el marcador. Yes, we can. Un aleteo de una mariposa provoca un terremoto en el equipo rival. Nacho Martín y el Manresa lamentaron despertar a la bestia.

A partir de ese momento, todo fue posible. Johnson y sus potentes piernas empataron a 69 a falta de ocho minutos. Roope Ahonen adelanta al COB a falta de cinco, 72-71. Al rival le entró el miedo a ganar y a Reggie Johnson esa sensación de ver el aro tan grande como el embalse de Velle. El cielo brilló en el campo de ataque del COB. ¿Toda una sorpresa? Pues no. Con este equipo hemos visto de todo desde el comienzo de la segunda parte de la temporada.

Llegados a este punto, con la permanencia casi asegurada y un juego que es el terror de la liga, muchos exclaman: "¿Nos váis a dejar así? ¿Sin comprobar vuestro techo? ¿Con la sensación de poder tumbar a cualquiera en un play off? Esto no se hace, de verdad.