ZONA COB

Así, ni por todos los Santos

El COB perdió un partido de ritmo irregular contra el líder de la liga Lleida, llegando muy fatigado a los últimos minutos 

Pepu Vidal, entre la pared del fondo y la espalda de los rivales.
Pepu Vidal, entre la pared del fondo y la espalda de los rivales.
Así, ni por todos los Santos

Fue un bonito espejismo. Una muestra de lo que este equipo podrá hacer cuando equilibre su 'yin' y su 'yan', cuando los jugadores estén en óptimo estado físico para competir, cuando no lleguen al último cuarto con la sensación del nadador que llega medio muerto a la meta y -¡maldición!- recuerda entonces que se apuntó en una prueba de triatlón.

El primer cuarto, tras un comienzo de tanteo, fue una espectacular exhibición de dominio del juego colectivo. Parcial de 20-9, con dos bases que dirigen, un pivot que intimida, un ala pivot que disfruta en el fango, un anotador que anota y un tipo con apellido Ott -el tercero de la saga- que hace todo bien y discreto. Y todos, esto es lo mejor, defienden, corren, se animan y animan al público.

Demasiado bonito para ser cierto en el primer cuarto de un partido contra un Lleida que llegó cabeza de carrera de la LEB Oro al Pazo, por más de una razón.


Exceso de minutos y cansancio


Las rotaciones no mantuvieron el ritmo. Quizá por ello después Gonzalo García fue más conservador, abusó de los minutos de sus jugadores clave y tuvo que incluir con calzador a los reservas en momentos complicados.

Que el técnico confía más en Pepu Vidal que en los meteorólogos ofrece pocas dudas. El uruguayo disfrutó de gran cantidad de minutos, pese a acusar de forma evidente el cansancio y las molestias de sus problemas físicos. La actitud de ambos, encomiable. Pero el base no estaba bien y tampoco pareció el momento oportuno.

Con los hombres clave fatigados, sin la única referencia interior -Rozitis- eliminado por unas faltas más propias de un partido de misioneros, con Okeke 'lost in translation', más las inesperadas 14 pérdidas de balón, al COB no le quedó otra idea que jugársela a su mayor defecto, el tiro exterior. 18 por ciento y muchos lanzamientos lejos de aro. Así, ni con la ayuda de todos los Santos.

Detalle a corregir, más que preocupar. En los peores momentos del último cuarto, el COB aparentó estar sin ideas ni orden, incluso miedo. Algo nunca visto en el Pazo desde la pasada temporada.

Un desorden que contrastó con el más que posible exceso de confianza tras los siete minutos de pasión del primer cuarto. Ni una cosa ni la otra. Gonzalo García, con buen criterio, lo advirtió durante sus declaraciones a los medios.

El orgullo mostrado hasta el final, la intensidad y el espíritu de todos los jugadores supone, de momento, una póliza de crédito. A medio plazo y sin intereses.