Usos y costumbres del verano

Despedir un amor

A menudo la manera más inteligente de despedir un amor es diciendo “adiós”. Los científicos han logrado demostrar recientemente que si le dices “hola” no se va. No obstante, también el silencio es una buena opción si te atormentan esas complicadas despedidas de final de verano, después de un intensísimo y definitivo noviazgo de cuatro días, doce horas, y treinta y cinco minutos. Seguro que hay ahora alguna aplicación para móvil, llena de corazoncitos, que te recuerda a cada instante que te queda un segundo menos de vida, y que tienes novia.

VESTIMENTA
El verano es tiempo de amores obligados a la distancia. Los que se van de vacaciones y se separan, y los que se han enamorado en un leve suspiro común de agosto, pero habrán de viajar a sus lejanas ciudades en septiembre. Un trauma, siempre, la despedida, ya sea para seguir con el noviazgo o para dejarlo. Las palabras pueden parecer muy importantes, pero sobre todo hay que cuidar la vestimenta. La ropa habla por ti lo que tú no eres capaz de decir. Para ir a despedir a ese sinvergüenza, entrégate a la elocuencia de tu aspecto: vístete de azafata de avión. 

LA PROPORCIÓN    
Error adolescente muy habitual es la desproporción. España es cada día menos sentimental pero más sensiblera. Hay familias que se despiden cada noche cuando se van a dormir con tal efusión e intensidad, que parece que van a embarcarse hacia un país en guerra. Algo parecido les ocurre a los novios de recién estrenado noviazgo, que convierten el gesto de colgar el teléfono en un drama de tal fuerza interpretativa que podría poner a llorar a toda una sala de cine. Los novios de verano también se inclinan casi siempre a despedidas apocalípticas. Lo cierto es que, aunque esas despedidas parezcan para toda la vida, el mundo es razonablemente pequeño, y no hay nada más incómodo que encontrarte dos horas después en la cola del supermercado con quien acabas de despedir con grandes lágrimas, besos, abrazos, un poema a viva voz, y el vistoso ritual Danza del Adiós de la tribu Mjamba Karemba de Papúa Nueva Guinea. En algún lugar de la pasión debe esconderse el sentido del ridículo, y entre ambos el recto juicio para emprender una despedida ordenada, proporcionada, y constitucional.

ACLARAR EL ESTATUS
No veo necesario exponer que, llegado el final del verano, existen algunas diferencias entre despedirse y cortar, en lo que a noviazgos se refiere. Que no es lo mismo un taxi libre que uno ocupado. Y al fin, el invierno es largo, la distancia todo lo mata, y casi nunca hay rival pequeño. Por todo lo anterior, entre las costumbres del verano que se ciñen al terreno del amor, resulta de vital importancia entre las parejas de nuevo cuño acordar con toda claridad el estatus resultante de la despedida. De despedidas borrosas están llenas las tormentas del desamor, cuando una de las partes inicia otro romance sin saber que aún se encontraba tocando la lira en estrecha compañía. Solo hay una forma de que quede claro si el noviazgo seguirá adelante en la distancia y es dejarlo para siempre. La ciencia respalda con fuerza el hecho de que los novios que cortan antes de despedirse en vacaciones tienen muchas menos probabilidades de cortar después de despedirse en vacaciones. Y me resulta imposible refutar este sólido hallazgo científico.

QUÉ REGALAR
Vivimos tiempos en que el regalo está muy poco valorado. Todo el mundo regala de todo por cualquier razón y en cualquier momento del año. Así que lo apropiado en el momento de la despedida, si realmente quieres que ella se acuerde de ti, es no regalarle  nada. Lo demás es una vulgaridad. No obstante, si quieres sorprender a tu pareja con un presente, y deseas que la relación a distancia llegue a buen puerto, prueba con todo menos con las flores, pues se entiende que cuando se marchitan la metáfora es demasiado violenta como para mantener el noviazgo. Nadie que regala flores en la despedida del verano logra sobrevivir como novio más allá de la caída del último pétalo. Este dato está basado en la observación del propio ensayista, que además es poeta, bardo, y bohemio, razón por la cual nadie duda de su amplio conocimiento sobre el asunto de los pétalos marchitos.


Las novias, a un hombre, les podéis regalar cualquier cosa. Da lo mismo. Eso no conseguirá refrescarle la memoria durante el invierno, cuando las gallinas estrenen plumas en el mejor de los gallineros. Lo más que puedes conseguir de un tío es que recuerde lo que está ocurriendo en ese instante, al menos durante los próximos dos minutos. Por eso lo mejor que puedes regalarle en una despedida es un par de paquetes de cigarrillos y un montón de latas de cerveza. Además, es probable que esta noche las necesite, justo antes de lo de las gallinas. Los cigarrillos los necesitará más tarde, cuando intente hablar contigo por teléfono sobre el espinoso asunto de la fiesta en el gallinero.

LAS RIMAS
despedirse_del_amor_copia_resultLa peor plaga que ha traído el mundo digital es las de los poetas. Proliferan rimadores por todas partes, porque cualquiera puede teclear unas palabras y publicarlo en formato de poesía, y distribuir el engendro en las redes sociales, con la seguridad de que alguien le aplaudirá el gesto, regando con gasolina el venenoso e incipiente fuego del verso. Un terrible círculo vicioso. Las chicas no suelen hacerlo salvo que sean realmente muy hábiles con las palabras -en eso conservan el buen gusto en el mundo-, pero los chicos se abrazan ahora a la poesía con una frialdad inexplicable. Alguien debería enseñar en los colegios que los versos son más peligrosos que la dinamita, que las palabras no son tan fácilmente intercambiables, y que las rimas inoportunas han desatado gravísimas guerras civiles. No rimes. No hagas rimas. No recites poesías. No te despidas en verso. No digas que no te lo he advertido. Cuando una mujer dice que le gusta la poesía, lo que en realidad te está insinuando es que es mejor que no te interpongas entre su librería y ella. No eches un verano tan bonito a perder por la arriesgada hazaña de rimar ‘corazones’ con ‘melones’.