Usos y costumbres del verano

Agobiar a los niños

Agobiar a los niños

Entre los usos y costumbres del verano modernos, uno de los más extendidos es el de agobiar a los niños. Antaño los críos vivían a menudo en contacto con el campo, se les había enseñado a aprender, y conocían las particularidades de la vida real a base de experiencia. Hoy viven durante once meses en la burbuja de la gran ciudad, encerrados en casa, rodeados de todos los placeres, y alejados de cualquier atisbo de vida pura, real. Como si ponerlos en contacto con la naturaleza pudiera dañar su sensible piel, preparada para alcanzar su autonomía en torno a las 55 años.

En el mes en el que salen al campo, van a la playa, o salen de su entorno de ultraseguridad, los padres se dedican con entusiasmo a la tarea de agobiarlos. Todo lo que no es peligroso, puede resultar mortal. Todo lo que no es venenoso, puede transmitir enfermedades. Todo lo que no muerde, puede estar en peligro de extinción.



NO TOQUES ESO

Cualquier cosa en el campo es susceptible de dañar al niño. Desde una pequeña rosa con espinas, hasta una piedra, desde una estaca que alguien ha depositado en el camino, hasta una peligrosísima mariposa, que como todo el mundo sabe, es un bicho que acostumbra a abrir su inmensa boca y engullir a los niños de un solo bocado, ante la impotencia de padres desesperados.

No solo la naturaleza es en sí un monstruo abominable para un niño de ciudad, también los parques, la piscina, o los hoteles. Cualquier cosa nueva y diferente a la monotonía invernal es susceptible de pinchar, quemar, dar calambre, morder, picar, engullir, o manchar gravemente las manos de un niño.

Todo lo que los enanos pueden tocar en verano son sus propios juguetes, siempre y cuando no hayan rozado nada. Para los padres de ahora es muy importante que no se rompa la cadena de esterilidad. 



NO TE ACERQUES AHÍ 

Es cierto que el mar y la montaña cuentan con acantilados, olas, corrientes, e incluso nidos de serpiente. De lo contrario tendrían el mismo atractivo que un romance de verano entre María Teresa Campos y Bigote Arrocet. Pero para un padre moderno la playa es una gran ola mortífera, el monte es fundamentalmente una ladera escarpada llena de nidos de serpientes venenosas, y la granja es como un zoo, pero con los animales sueltos y preparados para comerse a niños incautos. ¿Si no por qué están tan gordas las vacas, eh?

Curiosamente, los padres tampoco dejan a sus hijos acercarse a las atracciones de feria –podrían caerse-, a los puestos de churros –a saber de dónde sale esa crema-, a las flores –podrían albergar insectos-, al fuego –quema-, a las barbacoas –tienen colesterol-, al puesto de los socorristas –el niño podría ahogarse por simbiosis-, a un edificio antiguo –podría desprenderse alguna de esas piedras que llevan seis siglos ahí -, y en general, a nada. 

Lo ideal es que el niño se mantenga alejado de todo, incluso de sí mismo, ya que sabemos por los viejos filósofos que el peor enemigo está dentro de uno mismo.



NO COMAS ESO

Están prohibidas las frutas recién recogidas, los pasteles de las fiestas de pueblo, y la hierba. Incomprensiblemente los padres se muestran mucho más intolerantes con la hierba que con, por ejemplo, la arena de playa. La mayor parte de los niños se alimentan en verano de arena de playa, porque durante el rato en que se la comen, papá y mamá están demasiado ocupados tomando el sol como para poder prohibírselo.



EL CORTE DE DIGESTIÓN

Da igual lo que digan los médicos acerca del mito corte de digestión. Es el grito de guerra más antiguo y arraigado en playas y piscinas:

Niño, prohibido bañarse hasta que pasen dos horas y media. Que acabas de comer un cacahuete.

Papá, que dice la Wikipedia que el corte de digestión es una creencia infundada.

Pues por si las moscas.

Papá, si espero dos horas y media se irá el sol.

Pues te bañas a la sombra.

Hará frío.

Pues con frío no te puedes bañar, ¿no ves que te puede dar un golpe de frío?

Papá, ¿no era de calor?

Sí, eso también.



BEBE AGUA

Supongo que la probabilidad de que se deshidrate un niño sano del primer mundo es todavía inferior a la probabilidad de que le caiga un meteorito en la cabeza. Sin embargo, en sale el sol, se obliga a los niños a beber casi tanta agua como capas de protección solar se aplican en su piel a lo largo de una jornada de playa: unos dieciséis litros. 



JARDIN

El jardín es irregular y eso puede provocar caídas. Además, está lleno de bichos: ¡más picaduras! En el jardín los niños juegan solos, con los mayores vigilando a lo lejos, eso puede ocasionar daños psicológicos si alguno de los participantes decide inventar un juego que predisponga a los menores a alterar las normas básicas de ciudadanía, o uno manifiestamente violento como el brilé.



FUEGO

El fuego quema, los niños no lo saben, y eso podría llevarles a querer lanzarse y quemarse a lo bonzo en la hoguera. Como es sabido desde tiempo inmemorial, es lo que hacían todos los niños de la Edad de Piedra.



NO A LOS BARCOS

Los barcos se hunden.



NO AL ESCONDITE

Predispone al niño a la fuga y a esconderse de los demás. Podría estar detrás de conductas asociales.



NO AL FÚTBOL EN LA PLAZA

El fútbol en la plaza supone una gravísima alteración del orden público. Deporte violento. Y siempre hay niños que ganan y otros que pierden, resultando esto un riesgo extra para el equilibrio psicológico estival de los chavales que, según la psicóloga del colegio, podrían acomplejarse por perdedores. 



NO A TODO

El verano de los padres de hoy consiste en proteger a toda costa a los niños de las actividades lúdicas que ellos realizaban felizmente cuando eran niños.