Usos y costumbres del verano

El bikini

La industria textil maneja extraños parámetros. Los bikinis son más caros cuanto menos tela tienen, mientras que ocurre lo contrario con los trajes de baño masculinos, lo que incentiva la presencia de sujetos angustiosamente encorsetados en sus zonas inguinales en nuestras playas. En la moda veraniega no conviene dejarse llevar por el precio, ni tampoco por lo que hacen los demás. A menudo los demás son ese tipo de gente que vive obsesionada con pasearse en pelotas por todas partes, no con la respetable intención de divertirse en una juerga desmadre de temática troglodita, sino con la extraña premisa de ser más natural, como los yogures, que paradójicamente se venden vestidos. Que uno descubre con dolor a esos señores de avanzada edad, peludos y entrados en todo, paseando en cueros por la playa y se pregunta si, para ser los más naturales, no les llegaría con desayunar esos zumos de colores tan moda, que son más ecológicos que los huevos de Al Gore.


Es complicado lo del vestido playero. Alguien ha trasladado a la opinión pública la idea de que exponerlo todo al mundo, sin más, es sexy o al menos natural, y eso hace que algunas personas crean que por caminar en porretas por la playa están ligando y salvando la deforestación del Amazonas al mismo tiempo. Que la gente tampoco se para a leer la letra pequeña. 
El despelote como excusa para broncearse, por suerte más extendido en el caso de las chicas, podría dar lugar a un largo debate estético, pero en todo caso no constituye esa decisión normal y corriente que muchos quieren asumir, a menos que las tías empiecen a ir en bolas a otras actividades naturales, como trabajar, salir a cenar, o ir al cine, algo que no vislumbro en el horizonte. A este respeto se han hecho ciertos experimentos en los Sanfermines, terminando el asunto en manos de las autoridades, ante el descontrol general de las masas alcoholizadas.
 
RAZONES PARA UN BIKINI
El traje de baño femenino era de una belleza y elegancia tan distinguida que solo podía acabar desterrado al fondo de un armario. El buen gusto no resulta duradero en el tiempo. En proceso contrario pero equiparable, los trajes de baño masculinos, que tenían en los 70 una longitud más que prudente, desvariaron hasta el infinito en los 90, cuando las grandes marcas nos obligaban a meternos en el agua con unos anchos calzones que llegaban hasta los tobillos, y que eran de color negro con salpicaduras naranjas y fosforitas. Es decir, era una prenda pensada para darse un baño en la mar y, acto seguido, atracar a una joyería y atropellar a un montón de viejecitas.


La popularidad del bikini resulta un hallazgo interesante por parte de los fabricantes, cansados de desperdiciar tela en trajes de baño femeninos. Además, el bikini termina definitivamente con la posibilidad de esconderse en un bañador oscuro y disimular esos kilos que ahora están mal vistos, así que no descarto que detrás de toda esta tendencia se encuentre algún fabricante de barritas dietéticas de chocolate con muesli. 

POR PARTES
El objetivo de esta prenda es tapar las partes íntimas de la mujer –esto no quiere decir que su ombligo sea Patrimonio de la Humanidad-, y dejar al sol la mayor superficie de piel posible. Después empezó el lío de cómo sostener el bikini sin tirantes, que dejan marcas, y al fin, descartada la opción de poner andamios con arneses alrededor de cada bañista, se optó por modelos que agarran por sitios rarísimos el resto de la prenda, que hacen que los hombres se pregunten cómo es que se produce el milagro de la sujeción, como si sus dos partes –imagino que por eso se llama bikini y no berbiquí- caminaran suspendidas junto a la mujer.


La comodidad, el amor de las mujeres por el bronceado –que algunos compartimos con total pasión-, y las exigencias de la moda han hecho que el bikini evolucione de diferentes formas, casi siempre al borde de cambiar su nombre por el de “bizkini”, como proponía mi amigo literato Enrique García Máiquez, al observar los efectos que su presencia masiva en las playas provoca en los ojos de los chicos.
LOS MOTIVOS
Se llaman motivos a los dibujos o adornos de una determinada prenda. Por ejemplo, un bikini con motivos florales, puede ser una prenda de baño femenina con flores, o quizá el traje de baño que utilizan las flores para ir a la playa, o es posible que yo no tenga ni idea de moda. Pese a todo, desde tiempo inmemorial las cosas tienen motivos, y los bikinis no se mantienen al margen de esto.

EL CULO
Hay bikinis con motivos africanos, caribeños, geométricos, deportivos, o de animalitos, y todos ellos se ven con mucha frecuencia. Sin embargo, el motivo más extendido del bikini es ir a playa. 
Se ha extendido el peligrosísimo rumor de que el culo es algo elegante en sí. Y, ciertamente, la elegancia en muchas ocasiones se encuentra condicionada por mecanismos sensoriales que saltan por los aires ante la impresión de ver un culo en estado salvaje. Sean femeninos o masculinos, los culos, como otras partes del cuerpo que no es necesario señalar, han nacido para vivir en cautividad, por una serie de razones que es no es tarea de este sesudo investigador analizar ahora.


bikini_resultComo fruto de un error de raíz, los diseñadores han impuesto este verano que las chicas debían enseñar el culo en la playa. Como hacerlo sin más podría causar cierto escándalo, se han ideado una especie de bikinis traseros que solo son detectables con ayuda de un microscopio de la NASA, y que, para entendernos, dejan a las chicas con el culo al aire, absolutamente indefensas ante las miradas de niños y mayores, propios y ajenos. No existe posibilidad alguna de conservar la belleza enseñando el culo a destiempo y la contemplación de carnes adolescentes intentando alcanzar la libertad, encorsetadas en el más salvaje de los tejidos en miniatura, constituye un motivo de angustia para toda la playa. ¿Y si se rompe eso? ¿Y si estallan las costuras? ¿Y si se desparrama? Hombres y mujeres deben saber que la moda playera ha poder llevarse con sosiego, relajación y naturalidad. Y cuando algo está tan tenso que se sitúa al límite de saltar por los aires, es imposible estar en calma, relajarse, sentirse natural, ni hacer que el resto de los bañistas no te miren con miedo, angustiados ante la inminencia del Big Bang de los glúteos asesinos.