Usos y costumbres del verano

Coger bichitos en el mar

Coger bichitos en el mar

El verano de mi niñez es un balón de fútbol, una playa de arena mojada, y la visión de un bañista secuestrando estrellas de mar entre las rocas. Las llevaba en cubitos de un sitio a otro. Las dejaba al sol. O se las llevaba a casa. Si algo de ecologismo he conservado a través de los años es por culpa de ese idiota que disfrutaba con tan absurdo pasatiempo. Mi causa será siempre la de las estrellitas de mar. Por suerte, casi todos los cazadores de estrellas de mar no pueden soportar la tentación de intentar un día hacerse con un erizo de mar, y entonces la naturaleza se cobra su deuda.

Superado este breve inciso, vengo a abordar –reparen en el dominio de la jerga marinera que este articulista exhibe página tras página- el asunto de los bichitos y el mar, con el rigor científico que caracteriza mi largo historial como astrofísico nuclear y delantero centro del equipo de futbolín de jubilados de la NASA.

El mar está lleno de bichos. Y no solo ahora en verano, cuando nuestros políticos se dan esos chapuzones tan mediáticos. Quiero decir que hay otros animales que permanecen todo el año. Y tienen por costumbre quedarse en su trinchera también durante los meses de julio y agosto. Raro es el bicho que se va de vacaciones. Así, entre sus saladas aguas podemos encontrar toda clase de moluscos, balanos, percebes, o incluso cochinillas de mar; si bien estas podemos verlas también fuera del agua en muchas playas famosas.

MEJILLONES

El mejillón es uno de los bichos marinos más fáciles de cazar. De inteligencia limitada, nunca se le ha ocurrido hacer un par de orificios en su negra concha para poder divisar al agresor con tiempo para repelerlo. Por este motivo, el mejillón suele darse cuenta de que ha caído en la trampa cuando ya es demasiado tarde. A menudo abre su concha creyendo que está en una sauna. Y lo hace por última vez. No lo sabe, pero esos vapores anuncian su inminente desahucio.

En mi niñez, que era muy ágil y delgado, fui un gran pescador de mejillones. Los cogía en las rocas y si alguno se me escapa, lo perseguía valientemente por el arenal, cortando el viento cual gacela hasta frustrar su huida. De todos modos, si pescas sobrio, no es habitual que los mejillones escapen corriendo por la playa.

LAPAS

Ignoro si esto tiene algún nombre científico. Dicen que las lapas son seres vivos, pero sólo en la medida en que los cactus también lo son. La lapa es un animal tremendamente presumido y con un ansia de posteridad solo comparable al de la mayoría de los columnistas. Por eso nace fósil, de manera que garantiza su pervivencia a través de los siglos. Por otra parte, nadie ha logrado jamás despegar una lapa de su roca, porque duerme agarrada a su base con toda su alma, como un europarlamentario al presupuesto. Es posible que exista alguna manera de pescar lapas, pero quizá ha llegado la hora de lanzar una gran pregunta a la Humanidad: ¿para qué?

CANGREJOS

Palabras mayores. Miles de cangrejos pasean por la playa cada verano. Con sus tenazas pueden pellizcarte, así que lo que suelen hacer los niños es tratar de pellizcarlos a ellos. En las batallas del hombre contra la naturaleza, los niños siempre tienen una lógica bélica imbatible, mucho más elaborada que la que puede alcanzar cualquier adulto desarmado. Por otra parte, liarte a tiros con los cangrejos es mear fuera del tiesto, que es una expresión de lo más inquietante, ya que supone que orinar en el interior del tiesto es lo correcto. Lo he probado con el que tiene la vecina en la puerta de casa y no le ha hecho especialmente feliz.

Si estás decidido a perseguir un cangrejo debes saber algo muy importante: van hacia atrás, como la mayoría de las civilizaciones. Así que si quieres trincarlo tendrás que aprender a correr marcha atrás sin perder de vista el frontal –por donde podría atacarte otro bicho-. No por casualidad, los más prestigiosos cazadores de cangrejos son Fernando Hierro, Paolo Maldini, Ronald Koeman, Pepe, y John Terry.

MEDUSAS

En el mar, no cojas nada que parezca que está muerto. No cojas nunca nada de colorines. No cojas nada que no estés seguro de que podrás meterlo en la olla al llegar a casa.

CAMARONES

A la gente le divierte mucho coger camarones. Después los tiran a una sartén con huevo y hacen tortillas de camarones. Y los crujidos se escuchan en varios kilómetros a la redonda. Cógelos si estás seguro de que no te dará náuseas comer huevo con insectos salados.

MARISCO

En casi todo el mundo hay leyes que prohíben coger marisco sin permiso. Podrías convertirte en un mariscador furtivo y, no sé, pero no suena bien. De todos modos, casi todo el marisco que puedes encontrar en la playa está bastante malo, es carísimo, y se encuentra en el chiringuito mezclado con un montón de arroz. Acércate solo si no aguantas más horas sin publicar otra foto de paella en tu Instagram.

PECES

Coger peces en el mar se llama pescar y no se hace con las manos. Lo que tu intentas con las manos en la orilla de la playa cuando ves esos pececitos tan monos se llama perder el tiempo.

EL CESTO

Si te decides a coger peces y lo consigues, lo fundamental es introducirlos después en un cesto de pescador que podrás comprar en cualquier tienda de objetos para turistas que quieran sentirse muy auténticos. El pez en el cesto se muere, pero no lo hace al instante. La agonía resulta bastante aterradora si te quedas mirando. El pez está un buen rato inmóvil, pero de pronto pega un salto y aletea como un loco. Si el cesto está abierto, tu pez podría escaparse. Supongo que si llevas comida para peces de tu acuario y rocías tu cesto con esos polvos, el tipo querrá quedarse. Cuéntame si te funciona.

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