Usos y costumbres del verano

Cruceros y cosas que deberían flotar

Cruceros y cosas que deberían flotar

Atravesar el mundo flotando en un edificio de lujo parece una idea atractiva. Mucha gente se pasa así las vacaciones. Ocurre que a la mar, como a la guerra, hay que medir muy bien con quién se echa uno. Y las agencias de viajes aún no permiten seleccionar al pasaje de los cruceros. Una fauna muy particular integra estos viajes de placer, en una costumbre iniciada por Noé. La compañía del viejo personaje bíblico en su legendaria travesía no ha cambiado m cho desde aquella odisea en arca.

Los cruceros están llenos de gente que odia los barcos, pero a los que las fotos de islas exóticas –que no son propiamente el crucero- les han hecho creer que, de acuerdo, sí, eso flota, pero no es exactamente un viaje por el mar. La consecuencia es la falta de adaptación, el desconocimiento del
mundo marinero, y un negocio extraordinario para los fabricantes de pastillas contra el mareo. Hay que advertir que no cons- tituye ningún ritual obligatorio lo de vomitar por la borda, cuestión que confunde mucho a los turistas ingleses, que acostumbran a hacerlo con profusión y alegría, por pura imitación.

LAS VISTAS

El primer problema que plantea el crucero es que, muy a menudo, las vistas más atractivas son las que ofrece el propio buque desde el exterior. Esto supone un revés importante, por cuanto no resulta sencillo contemplar el barco surcando el mar desde el propio barco. Otras vistas interesantes son mar, mar, y mar.

LA COMIDA

Cada verano cientos de personas se intoxican con la comida en un crucero, malviven durante siete días entre evidentes problemas logísticos, y finalmente intentan lanzaral cocinero a los tiburones. Las islas del Pacífico y del Mediterráneo están llenas de cocineros náufragos a los que los tiburones rechazaron por miedo a contagiarse el virus estomacal. A pesar de esas enormes barbas, no necesariamente son hipsters, a veces sencillamente no han aprendido a afeitarse con ayuda de una hoja de bambú. La vida del náufrago está bien, siempre y cuando tengas helicóptero privado y puedas irte a dormir a casa.

QUÉ HACER

A pesar de los pequeños contratiempos, el crucero siempre será una oferta seductora para quien no puede permitirse comprarse la Pinta o la Santa María, y surcar los mares libremente con sus propiosmedios, descubrir países, y pasar a la historia. Ahora hacen los cruceros más grandes que el mar, y eso permite que sea prácticamente imposible que se hundan, siendo más probable que sea el mar el que se hunda en el interior del crucero. La última vez que ocurrió esto se ahogó todo el mundo pero al menos la prensa, siempre perniciosa, no pudo titular ‘Se hunde un crucero en el océano’.

Son tantas las actividades que pueden realizarse en estos modernos hoteles flotantes, que abruma siquiera pensar en mencionarlas. Además eso requeriría un cierto esfuerzo intelectual por mi parte, y a estas alturas de agosto me lo ha prohibido el médico. Tendría que levantarme de la toalla y abrir los ojos. Como mínimo. Creo que la tragedia que eso supone salta a la vista.

Pero baste citar como actividades típicas que se puede nadar en sus enormes piscinas, comer en susenormes restaurantes, aspirar vapor en sus enormes saunas, y jugar al tenis en sus enormes pistas.

Todo es tan grande en el barco que uno tiene la sensación de estar en tierra y que lo que se mueven alrededor son los países del mundo. A veces pasa al lado un petrolero y los pasajeros a duras penas logran contener las ganas de sacar sus tirachinas por las ventanas de las plantas superiores e intentar hundir ‘a ese mosquito que flota abajo en el mar’.

RUTINAS

Dicen los expertos que lo mejor es llevar una ordenada rutina de actividades de ocio dentro del barco. Muchas de ellas están organizadas por el propio crucero. Los expertos dicen muchas cosas a las que no haces ni caso, como la importancia de comer doce nueces al día y así, y no veo por qué ibas a hacerles caso a hora y convertir tu viaje de placer en un campamento militar para veteranos de guerra y recién casados.

EL BAILE

El amor es un componente importante del crucero. Yo una vez me enamoré en uno de ellos. Era de piedra y estaba junto al hórreo. Ella me dijo que no, así que me bajé del crucero, y me metí en el hórreo, y permanecí allí, alimentándome de raíces y palomitas de maíz tostadas al sol, hasta que en la agencia de viajes me devolvieron el dinero de mi ‘viaje de lujo al crucero más bonito de Galicia’. El ‘baile de salón’ era con gaitas alrededor del crucero y a veces creo que aquella oficina minúscula atendida por rusas no era exactamente una agencia de viajes.

Sea como sea, mi experiencia no cuenta. Lo habitual es que el crucero ofrezca extraordinarios bailes. Allí se dan los momentos más divertidos del viaje. Muchas parejas se enamoran y bailan con las chicas más guapas, y luego bajan del gimnasio los orangutanes de sus novios y se pasan un buen rato arrojando a pasajeros por la borda. Es todo un espectáculo que merece la pena ver. El baile es también una ocasión de oro para evitar los clásicos mareos de viajar en barco. Supongo que si bebes los suficientes combinados se te estabilizará el eje de gravedad, al sumar tu propio movimiento oscilatorio alcohólico simple al que efectúa por naturaleza el propio crucero al atravesar el océano. Como bien explica la física, dos polos iguales, equivalen a la masa de sus catetos, partido por las cervezas de la noche anterior, más los nudos del barco multiplicados por los de los cordo- nes de los zapatos, y a la raíz cuadrada del montante partido por pi, elevado a pi, más pi, pi, pi, vamos de paseo, pi, pi, pi, en un auto nuevo, pi pi pi, pero no me importa, pi pi pi, porque llevo torta. Si el resultado es menor o igual que cero, no recuerdo qué sucede. ¿Cuál era la pregunta?