Usos y costumbres del verano

Guía de normativas estúpidas

Guía de normativas estúpidas

Cuando viajamos, nos asomamos a otras ciudades como quien mete las narices en el zoo, con esa ingenua sonrisa de quien se introduce en los sueños de otros. Ocurre que allá nadie está jugando y rigen reglas que desconocemos. Tal vez creas que no puede haber gobernantes más estúpidos que los españoles, pero eso es porque todavía no sabes que hay muchos países en los que pueden multarte por todo. En Grecia es ilegal visitar ruinas arqueológicas con tacones, en Dinamarca no está permitido arrancar el coche mientras haya alguien debajo –todo un avance para el colectivo de los mecánicos-, y en Florida está prohibido lanzarse en paracaídas en domingo, pero sólo si eres una mujer soltera. Esta última norma me tiene particularmente contrariado, ya que es de sobra conocida mi condición de soltera y mi afición al paracaidismo dominical en Florida.



EN EL MAR

Si te apasiona escupir a las gaviotas, es mejor que te alejes de Norfolk, en Virginia. Allí está prohibido hacerlo. Y si no te queda más remedio que viajar a Norfolk, contente. Hay un montón de cosas por las que puedes ir a la cárcel en Estados Unidos y son mucho más divertidas que escupir a una gaviota.

Si te apasiona la playa, sacúdete bien los pies al salir. Hay gobernantes que ya se han dado cuenta de que los bañistas tenemos un plan secreto para robar la arena poco a poco. Por eso en lugares como Rehobot Beach, en Delaware, no está permitido salir de la playa sin limpiarse antes los pies, la ropa y el calzado, y por supuesto, está prohibida cualquier otra tentativa de robo de arena.

Como amante de las playas tranquilas, estoy muy satisfecho con la legislación de Haifa, en Israel, donde está prohibido acudir con osos a la playa. Una ley así dejaría desierta la Playa de Magaluf. También admiro a los legisladores de Galveston, en Texas, en cuyos arenales no está permitido tomar tierra: “será ilegal para cualquier persona aterrizar, o despegar, u operar cualquier aeronave en la playa”. Supongo que esto incluye la prohibición de las tiendas de campañas y sombrillas voladoras, y de las cometas asesinas.

Sin duda, mi playa preferida es la de Santa Mónica, en California, donde un auténtico genio ha decidido prohibir por ley al tonto-del-yembé. Es decir, han declarado ilegal tocar cualquier clase de instrumentos de percusión en la playa. Ante mi próxima visita al lugar, confío en que la ley contemple penas también para los que disfrutan golpeándose los pectorales y panzas mientras toman el sol.



ALIVIAR EL DOLOR

Los centroeuropeos tienen una fijación con el asunto de la orina. Así que, como norma, si viajas por allí procura hacer pis antes de salir de casa y aguantarte las ganas hasta tu regreso a España. En países como Suiza, para hacer pis dentro de la ley hay que hacer un curso de varias semanas, durante el cual no está permitido salir a orinar, ni mucho menos salir a fumar, que es un delito de terrorismo para casi toda Europa.

La ley sueca busca mantener el silencio a toda costa, y considera que el principal enemigo del orden es el acto de orinar, incluso en tu propia casa. De modo que está prohibido tirar de la cisterna más tarde de las diez de la noche. Si te crees muy listo por haber descubierto cómo hacer pis sin burlar la ley, repasa la letra pequeña: los varones no podrán hacer pis de pie a partir de esa misma hora. El ruido que originan es inadmisible para un país como Suecia, en donde la caída de la hoja de un árbol en la noche puede poner en jaque a todos los servicios de seguridad, y concluir con una comisión de investigación: por lo intolerable del ruido, y por el atentado ecológico que supone.

Gracias a Dios existe Reino Unido. Más tolerantes, te permiten orinar en público si la cosa se te está yendo de las manos. La única condición es que apuntes hacia la rueda de tu propio coche. La ley no dice nada sobre si después debes emitir unos ladridos o no.



AL CONDUCIR

Aquello de “a donde fueres, haz lo que vieres” es muy peligroso en la carretera, si tenemos en cuenta que más del noventa por ciento de los conductores no respetan sus leyes. La policía local, que suele hacer la vista gorda con los lugareños, estará encantada de crujirte a ti como extranjero.

En América Latina, al igual que en ciertos lugares de África, las leyes de tráfico se improvisan a la misma velocidad con la que los niños inventan reglas durante una pachanga en el colegio. Todo está permitido, incluso compartir el ancho de tu carril con dos coches más –que no necesariamente viajan en tu misma dirección-, siempre que las carrocerías no sufran daños. En estos sitios es más probable que el golpe te lo lleves en el corazón. Tanto en El Cairo, como en Lima, como en Roma, es más fácil el colapso cardíaco por lo que ven tus ojos que el accidente por la maniobra suicida de algún conductor torpe. De ahí, mi único consejo para estas ciudades: cierra los ojos, pisa el acelerador, y reza lo que sepas. Lo único realmente peligroso es quedarse parado. Por ejemplo, en un semáforo en rojo. Cuando vayas a arrancar, lo más seguro es que te hayan desmontado y robado la totalidad del vehículo, excepto –con suerte- tu asiento y el volante. En Roma está particularmente mal visto detenerse en un semáforo en rojo.

Hay excepciones a este caos. En países como El Salvador, la diversión en carretera tiene límites. Es decir, si te parece entretenido emborracharte en el coche, has de saber que si te pillan, según una antigua norma aún vigente, un juez puede condenarte a muerte ante un pelotón de fusilamiento.

Si en África y en América Latina está prohibido aburrirse al volante, en Japón está prohibido pasárselo bien. Si vas a Japón en coche, que es casi tan probable como que vayas en monopatín, es importante que sepas que te multarán si pisas un charco para mojar a los peatones. Esta graciosísima práctica está mal vista en todo el mundo, pero los japoneses han decidido ir más lejos y multarla con 65 dólares.

Y, por último, si viajas a Lenior County, en Tennessee, vete armado. Por muchas razones. Una de ellas es la existencia de una norma local que te obliga a disparar varias veces por la ventanilla del coche cuando te detengas en una señal de stop. Así “los demás coches de caballos serán advertidos de tu presencia”. En ocasiones las leyes colisionan entre sí, y en este caso resulta importantísimo que apuntes bien por la ventanilla, ya que me temo que en Lenior County también está penado volarle las pelotas al sheriff que vigila que los conductores cumplen la ley del stop.