Usos y costumbres del verano

Librarse de un pretendiente

Librarse de un pretendiente

Lo dice el refranero. Quien bien te quiere, te dará el coñazo. Se ponen muy pesados los pretendientes con los calores. A los hombres nos aterra la soltería en verano casi tanto como los domingos de invierno en soledad, la comida sin colesterol, o esperar en doble fila. 

En la soltería estival, la soledad te come los huesos. Todo nos empuja a echarnos al bar, al mar, a la playa, o a dónde sea y trabajar con esmero el pico y la pala. Pero no busca el hombre un enamoramiento sereno, sino la conquista inmediata del oro. Algo así como el éxito de amores en un reality show, en donde tipos que sin televisión jamás encontrarían pareja acaban saliendo con chicas que jamás dejarían de tenerla. Ese tipo de programas con los que se deleita la audiencia española, que supongo que por eso siempre se declara entusiasta de los documentales de animales.



El incontenible corazón

Es verano y el amor que era fruta temprana en primavera es ahora explosión yihadista, copa en un after-hour, piso abrasado en el Windsor. Urge al macho localizar a la chica de sus sueños. Verla con las olas del mar como fondo le hará sentir más que un donjuán, un tiburón, más que un Casanova, un arpón a la viajando a la velocidad de la luz. Enloquecerá por su idilio de amor sin trazar palabra alguna. Perseguirá a su chica soñada por tierra, mar, y aire. Y es bonito. Pero, seamos justos: ¿por qué ella ha de sopotarlo?



Dile que no

Todo lo que debes decir es “no”. Cierra toda esperanza a tu pretendiente. Es cierto que las chicas hacen un complejo mundo de cada palabra de su amado, pero los chicos son aún peor: lo hacen de cada silencio de la chica. Una respuesta callada a una romántica proposición le hará creer que aunque hoy no ha acertado con lo del cine de verano, tal vez mañana triunfe con la invitación a cenar en un catamarán. Y así el asedio continuará hasta que el frío temple su cabeza. 

No dejes que te gane la complacencia, esa sonrisa colmada de quien sabe que tiene alguien detrás desvelándose cada noche. Rompe rápido esos lazos, o lo que es un chico interesado en ti se transformará en una pesadilla. Hay pocas cosas más insistentes que un tipo que se cree con posibilidades de entablar un noviazgo con un amor imposible. Que por algo los llamamos así. Dile que no hasta cuando quieras decir que sí.



El número equivocado

José María Granados escribió una bonita canción para aquellos Mamá de los 80. Se llamaba así y era, en efecto, la historia de una chica que le daba al chico el número equivocado, y el consiguiente enfado de éste, que desde entonces olvida el amor ciego y sólo tiene en mente la ciega venganza. 

La mayor parte de las chicas desconoce que el hombre es menos pesado cuando se propone la venganza que el amor. Digan lo que digan, el macho humano es de naturaleza cobarde. La venganza exige una valentía, un esfuerzo, y un tesón de los que carecemos. Así que haremos muchos planes –quemarle su jersey al otro, destrozarle el coche, o echarle pica pica en el cuello como David Summers- pero no llevaremos ninguno a cabo. 

Ante la insistencia, a esa hora en la que desearías un poco de espacio libre en la discoteca: dale tu número equivocado. 



La misma medicina

No deja de ser una solución experimental. Pero si logra espantar a quien te quiere mucho más que tú a él no dejes de avisarme. La táctica consiste en darle su misma medicina. Si te llama, le llamas. Si te dice cosas bonitas, se las devuelves. Intenta ser siempre más cursi, más posesiva, más apasionada e insistente que él. Nada espanta más a un chico que la posibilidad de un amor demasiado entregado en la causa. Eso, aún lejanamente, le suena a compromiso. Cuando un hombre se aproxima al abismo del compromiso, habitualmente, se desmaya. 



El amigo guapo

Todas mis amigas tienen amigos guapos. O eso dicen. El amigo guapo, o mejor aún, famoso, puede hacer desistir al chico que te persigue este agosto con terquedad de gato sobre ratón. Pasea con ese amigo guapo por la playa. Tomad juntos batidos de fresa. Y finalmente, asesta el golpe definitivo: asistid juntos a algún funeral. Eso espanta incluso a los candidatos electorales en campaña. Si tu pretendiente pesado te ve salir abrazado a un chico guapo –o incluso a una morsa blanca- de un funeral, puedes estar seguro de que no volverá a llamarte.



El efecto negativo

La buena suerte atrae a la buena suerte. Dicen los sabios. De forma análoga –con perdón-, la mala suerte atrae a la mala suerte. Y tener a un mala sombra, a un tipo horchatado, a un melifluo tirándote los trastos durante todo el verano, te impedirá acercarte a los chicos que realmente te gustan, precisamente en el momento en el que puedes hacerles caso, cuando el trabajo, la cola del INEM, o los estudios te dejan respirar. 

Por cruel que parezca hay chicos que miden la conveniencia de una mujer en función de la calidad de sus pretendientes. Estúpido comportamiento, por otra parte. Como la mayoría de los comportamientos masculinos en las cosas del amor.



Preséntale a tu amiga

No sé si es la técnica más eficaz, pero sí las más antigua. Desde el siglo X antes de Cristo, las pandillas veraniegas de chicas han trabajado en equipo para deshacerse del pelmazo que persigue a una de ellas, con el pretexto de presentarle a una amiga de su amada. No es necesario que sea más guapa o más simpática. Es el mero hecho de que su chica se convierta en celestina lo que hace que el amor se disuelva como pastilla efervescente en vasito de cerveza. 



¿Y si es tu hombre?

Antes de mandarlo a picar piedra en Siberia, antes de decirle que no tiene ninguna posibilidad contigo, antes de decirle que es más pesado que las maletas de los Pujol, míralo durante un instante. No vaya a ser que realmente sea el hombre de tu vida y se encuentre oculto detrás de esa capa de torpeza y frivolidad que rodea a un enamorado, en esos meses en los que todas las chicas parecen modelos perfectas corriendo bikini de playa en playa.

Mujer, no pretendo ser indulgente con los pelmazos. Pero concedo al enamorado el beneficio de la duda. Al fin y al cabo, cegado por los faros del amor, ante la dorada puesta de sol agosteña sobre la playa, con la brisa suave de la tarde erizando las pieles, sólo un idiota insensible podría comportarse con normalidad en presencia de su chica soñada. Así que no debe espantarte sólo porque se comporte como si le faltara un hervor. Le falta le un hervor. Deja de mirarlo como si estuviera crudo y piensa durante un instante qué pasaría si fuera sashimi. Ahora, sal corriendo. Es verano, hace calor, y el anisakis es una amenaza real.