Usos y costumbres del verano

Moscas

De todos los animales de la tierra, sólo hay uno capaz de provocar al mismo tiempo una hecatombe nuclear, un accidente de tráfico múltiple, y la caída simultánea de varias personas por las escaleras. Es la mosca. Ese error de la genética. Ese zumbido maldito. Ese bicho. Cuentan que Noé no le reservó sitio en el Arca, pero ella con su tozudez y sus alas viajó suspendida sobre el barco hasta el final del diluvio, haciendo oídos sordos al abucheo general del resto de animales.
Tiene la mosca la cualidad de ponerse pesada con el tiempo. Con el del reloj y con el meteorológico. Cuanto más calor y cuanto más pesado está el día, más insistente es la mosca en dar la matraca.

REFLEJOS
La mosca es un animal de increíbles reflejos. Erróneamente se atribuye al mono de culo moteado la habilidad de zafarse muy bien de los disparos de los cazadores. Pero quien realmente no corre, vuela, es la mosca. Molesta especialmente su capacidad para esquivar el puñetazo. Una virtud de la que no puede presumir, por ejemplo, la hormiga. También su chulería. La mosca lleva en su interior el veneno del kamikaze. Y juega muy a su favor el hecho de que seis de cada diez veces que estás seguro de haberla matado con el periódico, reaparece como una avioneta imbatible en un episodio del Equipo A, minando seriamente la moral del enemigo. 

EL DIÁLOGO
La desesperación se apodera del hombre asediado por un ejército de moscas en una tarde tormentosa. Después de todos los intentos por acabar con ellas, algunas personas se rinden y tratan de dialogar. Les ofrecen bizcocho a cambio de un rato de calma, o incluso una tregua indefinida con acceso a la nevera. Pero la mosca es un insecto de naturaleza molesta. Esto quiere decir que solo puede vivir molestando. Cuando la mosca no puede dar el coñazo, se muere. Por eso si dejas una casa de campo cerrada durante dos o tres meses, a la vuelta te encuentras cientos de moscas pegadas a las paredes y al techo, que han muerto de puro aburrimiento. Es un bicho que necesita estar constantemente sacando de sus casillas a alguien. Pierdes el tiempo dialogando con las moscas. Además, sospecho que, como la mayoría de los insectos bobos, son sordas. Y no me hagáis entrar a confirmarlo en la Wikipedia. Son sordas y punto. Y si no lo son, ya lo son. 

moscas_copia_resultEL AGUA
Anoche trataba de ducharme, hecho que sucede todos los días. La ducha de verano resulta extremadamente relajante después de una jornada de playa. De pronto el agua caliente, esos vapores amorosos, y… una Mosca Tocapelotas (Cojoneris Musca) zumbando por ahí, posándose en todos aquellos lugares del cuerpo sobre los que no te atreverías a descargar un revólver. 
Al fin, cuando tienes un arma como la ducha en la mano, es difícil resistir la tentación de ahogar al enemigo. Primero intentas darle un chorro a traición, mientras la mosca frota sus patitas en el lateral de la bañera. Pero sobrevive a la lluvia. Más tarde, vuelves a intentarlo, esta vez haciendo un cuenco con las manos para recoger toda el agua del mundo y dejarla caer en bloque sobre ella. En este punto ya tienes la mirada desencajada y un tic nervioso palpitando en la sien. Entonces la mosca vuelve a esquivar la ducha y levanta pesadamente el vuelo hacia el baño. Se puede oír el rrrrrrrr renqueante, como un viejo cazabombardero de la Segunda Guerra Mundial. Sé cómo termina esta historia. Tú, que ya has perdido los estribos, la persigues con el chorro de la ducha por todo el baño, por la toalla, el armario, el lavabo, la pared, el espejo, y finalmente los interruptores de la luz. Después del chorro fallido a los interruptores, el cortocircuito, se desatará un incendio, y morirás calcinado y mojado a la vez. 
Tres días después la mosca morirá de aburrimiento. No hay mal que por bien no venga.

EL FUEGO
Con cierta lógica podemos pensar que el fuego asusta a los insectos. Pero no a todos. De nuevo las moscas no parecen muy preocupadas por el asunto de las llamas e incluso acuden a calentarse los huevos al borde de esas bonitas velas antimosquitos. La ventaja del fuego es que en contacto directo con la mosca resulta implacable. Lo difícil es lograr que el bicho decida sobrevolar las llamas lo suficientemente cerca como para que se le fundan las alas y se desplome, como un helicóptero a que las hélices se le han convertido en calabaza. 


Mi experiencia es que la combinación de una pequeña hoguera con un golpe seco a la mosca en dirección contraria a su trayectoria puede terminar con su vida. Es muy importante atinar y golpear a la mosca y frenar inmediatamente el empuje. De lo contrario, la mosca se salvará y tu meterás la palma de la mano hasta el fondo de la hoguera produciéndose una sensación muy alejada de lo que los científicos conocen como ‘cosquillas’.

LOS HUEVOS
Lo más preocupante de la mosca es que pone huevos. No sabría darte una explicación científica, pero estoy seguro de que cada media hora estos bichos ponen dieciséis millones de huevos. De ahí nacen pequeñas moscas, con renovadas energías, y que resultan aún más difíciles de cazar. Por eso todo lo que hagas por romperle los huevos a las moscas estará bien hecho. 

LOS MATAMOSCAS
De entre todos los cacharros que se pueden comprar en los chinos y en esos preciosos bazares del siglo pasado que aún conservan algunas ciudades, el más sorprendente es el matamoscas, precisamente por el optimismo desbordante de su propio nombre. El matamoscas es una mano de plástico con su correspondiente mango flexible que sirve para distraerte en esas largas tardes de agosto y también para cabrear a las moscas. Nadie ha logrado jamás matar una mosca con un matamoscas, aunque sí cargarse la cerámica del salón, o incluso recibir una paliza tras el ya clásico grito del portador de matamoscas: “¡espera, espera, no te muevas!”. 


El matamoscas supone un problema para convivencia. No pocas parejas lo han dejado por la obcecación de una de las partes en conseguir masacrar moscas con este aparato, a base de golpear a diestro y siniestro cada esquina de casa, incluidas piernas, brazos, y cabezas del resto de familiares. El matamoscas está bien, pero sólo si en casa tenéis costumbre de sacar una docena de bates de béisbol y liaros a palos entre vosotros.