Usos y costumbres del verano

Las normas de la piscina

Las normas de la piscina

La piscina no es el mar. Repito. La piscina no es el mar. La piscina es una bañera grande, mientras que el mar es una inundación que se nos ha ido de las manos. La idea de acotar el agua viene desde antiguo. La libertad del agua siempre le ha traído problemas al hombre. Los romanos mantuvieron a raya a casi todo el mundo y cuando se cansaron de pegarse con gente, comenzaron a poner orden en el agua, que estaba dejada de la mano de Dios. Así hemos recibido en herencia extraordinarias construcciones destinadas a dirigir el caudal de un río, a archivar litros y litros de agua potable, o a maravillosas saunas, que son una versión MS-Dos de las que actualmente conocemos.
El mar en cambio no funciona tan bien cuando se intenta coartar su libertad. A menudo vuelve al lugar por donde pasaba y ocasiona grandes destrozos. El mar esconde su belleza en un extraño mal carácter, como les ocurre a muchas chicas. No así el agua dulce, que se deja encerrar con bastante facilidad. Sea como sea, un día el hombre dijo que las termas eran ahora piscinas, y que podían utilizarse para perder el tiempo en verano, y aparecieron por todas partes inmensas bañeras gigantes que llamamos piscinas.

NO VACIAR
La piscina es el lugar del mundo que cuenta con mayor número de advertencias de seguridad y prohibiciones en su entrada. La semana pasada, soportando la horrible ola de calor sobre Valladolid, intenté darme un chapuzón en una de ellas y cuando terminé de leer el cartel de prohibiciones de la entrada ya se había hecho de noche y estaba cerrada. Sorprende sin embargo que entre todo lo que no se puede hacer en la piscina no se incluya una advertencia esencial: queda prohibido vaciar la piscina.


Esos señores que practican todo tipo de saltos y movimientos con la intención de vaciar la piscina no han entendido en qué consiste el placer de bañarse en verano. Ni la ‘bomba’, ni el elefante escupe-agua (ingerir gran cantidad de agua y lanzarla en todas las direcciones), ni la ballena (simular gran oleaje al desplazarse, haciendo uso de ciertas extremidades), son prácticas admisibles en una piscina en donde hay otros bañistas. Aunque los defensores de vaciar piscinas no lo entiendan, la gracia de la piscina se encuentra en el agua. Sin agua no es lo mismo. Yo me di cuenta en seguida este invierno al probar a lanzarme de cabeza en una de esas preciosas piscinas vacías. Desde entonces escribo así.

INSECTOS
La mayor parte de los insectos sueñan con vivir alrededor de una piscina, picando aquí y allá entre horas, bebiendo cerveza gratis, y tumbados al sol durante todo el día. Y la mayoría de los que no son insectos también. La única diferencia es que los insectos pueden hacerlo. No te recomiendo que tu intentes pasearte por la piscina, beberte el vino de los gordos que duermen la siesta, ocupar las tumbonas privadas para tomar el sol, y pegar mordiscos a las suecas. Definitivamente, los insectos tienen más derechos.

SALTO
Antes de lanzarse al agua conviene mirar si hay gente. En verano, siempre la hay, pero se mira igual por educación, aunque luego vayas a tirarte a ciegas y matar a algún bañista. Gritar “bomba va” no es de buen gusto. En general, gritar en la piscina es una pésima idea y espero que se incluya como delito grave en una próxima reforma del código penal.

OBJETOS PELIGROSOS
Por sus reducidas dimensiones, los objetos que uno introduce en una piscina, por grande que sea, deben ser de tamaño inferior a los tres metros de eslora. Esto significa que no es buena idea probar a hacer largos con la zódiac, por más que durante los primeros cinco minutos a todo el mundo le parezca muy gracioso.
La piscina exige al bañista moderación, tanto en las formas, como en las actividades que se llevan a cabo dentro. Es cierto que algunas personas necesitan algunos apoyos para no hundirse. Para eso existen manguitos, tablitas, donuts, burbujas, y un sinfín de cachivaches fosforitos que harán que tu maletero parezca el escaparate de un chino. Mención aparte merecen objetos como la colchoneta. Aunque a priori es la solución ideal para tipos como yo, que nos gusta disfrutar del fresquito de la piscina sin el agotamiento físico que produce nadar, incluso en esto hay que hacer una llamada de atención.

Lo máximo que puede permitirse en una piscina donde hay otros bañistas es una colchoneta con un pequeño asiento para el trasero, y un apoyabrazos con un discreto agujero para poner la cerveza o el cóctel. Todo lo demás, incluyendo la cabeza de dragón gigante que nace del respaldo y asiente cuando sopla el viento, el perrito caliente –aquella vieja salchicha flotante que tanto divertía en los 90 en el mar a los que faltaban por ahogar de los 80-, o el castillo fortificado –incluye baños y literas-, dan derecho al resto de bañistas a acudir con dardos a la piscina y lanzarlos con pericia contra cualquier cosa que flote artificialmente. 
La culpa de la proliferación de animales gigantes flotantes y otros divertimentos hinchables de tamaño desproporcionado la tienen los fabricantes de infladores. Cuando los flotadores se inflaban a pulmón a nadie se le ocurría plantar en la piscina una réplica a tamaño real del Santiago Bernabéu. 

SALPICAR
El agua y el verano son inseparables. Cuando ambos elementos se juntan ocurren dos fenómenos naturales: todo se llena de mosquitos, y aparece el idiota común (tontolculus aquarius), cuya principal misión en la vida es expeler agua en todas las direcciones, especialmente sobre los bañistas que aún no han entrado en contacto con el fresco fluido. 

BUCEAR
Las piscinas con muchos buceadores son muy peligrosas también para los bañistas. Dos buceadores en una misma piscina incrementan notablemente el riesgo de ahogamiento por impacto craneal submarino. Si bien, uno solo de estos sujetos ya puede sembrar el pánico entre los bañistas varones que gustan de permanecer en vertical en el agua, haciendo pie, y sin defensa alguna en la avanzadilla. La costumbre es bucear a velocidad de torpedo, con la cabeza por delante, sin ver ni torta, y a la altura de la línea de flotación. El golpe es doloroso y duradero. 
Por su parte, el principal peligro del que bucea es el impacto contra el final de la piscina. Para evitarlo lo mejor es bucear por fuera del agua, de modo que uno puede ver perfectamente cuando va romperse la cabeza e incluso tratar de evitarlo.itxu_20_result