Usos y costumbres del verano

La ropa de verano

La ropa de verano

El invierno es elegante, sobrio, y negro. La primavera es verano contenido. Pasión aún dominada por el espíritu. Desenfreno a tiempo de frenar. El verano es despiporre, bula, y paréntesis. El verano es exposición de carnes, calcetines blancos, y baile de lorzas. Si el invierno es la rigidez de la elegancia, de la ropa ajustada, el verano es la holganza textil, la malversación del gusto, el horror, el dolor, y la muerte, entre los estertores de lo estético.

VIVOS COLORES

En el verano la naturaleza muda su ropaje de colores grises y monótonos, por los vivos brotes de la flores en los valles, y por los verdes deslumbrantes. Con los calores, el hombre también cambia su ropa sobria por un festival de colores. Todo por imitar a la naturaleza. Incomprensible actitud, si tenemos en cuenta que en la naturaleza también hay criaturas que vuelan, pinchan, o ponen huevos, y a nadie se le ocurre ponerse a hacer algo así. Pero el hombre imita sólo a la naturaleza en aquellas cosas que no debe, como por ejemplo, aparcar en doble fila, que es algo a lo que tienen gran afición los elefantes.

Los colores vivos no plantean problemas individualmente, sino cuando se combinan con muchos otros colores vivos en el mismo metro cuadrado de tela. Ahí salen vestidos de camuflaje para selvas tropicales, chaquetas que podría emplear Salvamento Marítimo para localizar náufragos en la noche, y relucientes trajes de baño que dejan en nada a las más modernas luces de discoteca.

El Gobierno recomienda mesura en el uso de colores, sobre todo en el caso de los hombres. Los diseñadores se empeñan en lo contrario. Pero el Gobierno sabe lo que dice. Los servicios secretos investigan muy a fondo el impacto de las camisas hawaianas y otras prendas auto-reflectantes durante julio y agosto. Cada año aumenta la tasa de peatones que cruzan semáforos en rojo, distraídos por el paso próximo de una corbata o camisa de colorines de la que es imposible desprender la mirada, y resultan arrollados en tan estúpida circunstancia. Creo que es a esto lo que llaman fashion victim.

CULTO A LA COMODIDAD

Hasta hace algunas décadas el argumento principal de los vendedores de ropa para convencer a un cliente era: “es muy elegante”. De un tiempo a esta parte: “es una prenda muy cómoda”. Nada que añadir.

AGREDIR

Muchos lectores me lo preguntan: ¿es ético agredir a alguien por su forma de vestir? La respuesta es clara: no, salvo que además de llevar los dedos al aire –en el caso de los varones-, emplee camiseta de baloncesto del Barcelona, y porte unos auriculares blancos cuyo diámetro sea el doble que el de la rueda de un camión. En tal caso, si bien no es admisible el golpeo con bates de béisbol, sí resulta ético acudir a la colleja y al insulto breve, que no supere las dos o tres sílabas.

EVITAR EL CALOR

Las empresas textiles dedican horas a afrontar la transpiración y ventilación de sus prendas. Ahora venden unos zapatos de verano que son geniales, porque dejan entrar y salir el aire constantemente, de modo que los vapores propios de la pinrelada agosteña no se limitan al zapato sino que viajan libremente alegrando la vida a todos los que rodean al portador de tan moderna ingeniería.

Lo mismo ocurre con las camisetas, cuyo más moderno avance para evitar la falta de ventilación –que incrementa la sudoración, una guarrada- consiste en retirarle las mangas. El efecto es bastante parecido al de los zapatos ventilados, con la única diferencia de que el vaho mortal se ubica aquí a la altura de la pituitaria, incrementando su potencial mortífero.

ROPA DE BAÑO

El bikini se ha ido dividiendo en tantas partes –trikini, cuatrikini, sextikini-, que hoy en muchas mujeres resulta absolutamente imposible encontrarlo. La moda es caprichosa. Existe una extraña directriz modal. Mientras que la ropa femenina ha tendido a hacerse más breve regularmente durante el último siglo, la masculina ha probado todos los formatos y excesos: de la brevedad del tenista de los 70, a la pernera infinita de los 90, pasando por algo que había quedado erradicado y que vuelve con fuerza a nuestras playas: el bikini con topless masculino. Se dice que es el “último grito” en moda porque, en efecto: lo provoca.

Sí. La moda de este verano en la vestimenta playera de los hombres es ponerse el bikini de sus parejas, aunque evitando la parte superior por razones incluso menos obvias que las que lo llevan a ponerse la parte inferior, que comprime hasta el extremo todo aquello que no es agradable comprimir en la vida de un hombre.

ROPA IBICENCA

Un amigo organiza una juerga y te lo comunica con un mensaje al móvil. Desconfías pero accedes. Sin embargo, a última hora te das cuenta de que la fiesta es “ibicenca”, aunque se celebra en Vigo, y te sientes desconcertado. No hemos nacido sabiendo lo que es una juerga ibicenca, y probablemente te suene igual que “fiesta vikinga” y tú nunca irías a una “fiesta vikinga” salvo que esté permitido bombardear los barcos vikingos y hacerse con su cerveza y sus vikingas. Pero eso no ocurre nunca.

Te aclara tu amigo en el mensaje: “trae ropa blanca”. Mi consejera de moda me saca de dudas.

-Camisa blanca y pantalones de lino. Si no, pantalones vaqueros… rotos. – me asegura.

-¿Rotos? – pregunto ingenuo.

-Rotos.

-¿Por qué han de estar rotos?

-Porque si no, no es del todo ibicenca.

-No lo entiendo.

-¿Tú quieres ir a la fiesta?

-Sí.

-Pues rotos.

-Pues rotos.

De todo ello deduzco que la ropa ibicenca de hombre consta de pantalones de lino, vaqueros rotos y camisas blancas. En cuanto a las chicas, lo único característico que he leído en las revistas de moda es que deben portar “labios de ensueño”. Desconozco donde se compra semejante cosa. Y debe ser aterrador cuando se desprenden y se te caen al fondo del mojito ibicenco en medio de todos los invitados.