Usos y costumbres del verano

Ruta por Italia

Casi todo está roto en Italia, excepto las pizzas, que te las dan enteras para que las rompas tu. Me cuesta escribir sobre el país de la bota y la Toscana, porque mi alma mediterránea y mi pasión por pisar isletas en las autovías me impiden contar nada malo sobre Italia. Ni siquiera los famosos italianos, tan temidos, tuvieron un mal comportamiento conmigo. El último mes que pasé por allí, recuerdo incluso un cierto atisbo de amabilidad en un camarero. Tal vez quería ligarse a mi novia. 


Para un cristiano viajar a Italia es fundamental. Solo viendo la cantidad de basura que se acumula por las calles de Roma es posible entender la verdadera acción del pecado sobre el alma. Luego, claro, está el Vaticano, que también pinta algo en toda la historia del cristianismo. Pero es que fe, cultura, y vino toscano no se pueden separar. 

VENECIA
Si dejamos de lado el tamaño estándar de las ratas y los carteristas, Venecia es el destino menos italiano de todo el país. Quien no ha estado nunca en la ciudad de los canales tiene un gran agujero en su biografía viajera, y quien ha estado y la ha paseado de noche con la cartera en la parte trasera del pantalón, tiene –con toda seguridad- un gran agujero en su bolsillo de atrás. Te das cuenta en seguida, porque te entra un aire fresquito y no recuerdas haberte instalado aire acondicionado en el culo.


En Venecia monté en una góndola y es quizá lo más cursi que he hecho en mi vida. En realidad, lo negaré por los siglos de los siglos. Pero lo cierto es que monté, y redescubrí la fe: uno aprende a recitar oraciones de infancia que había olvidado tan pronto como ve las fétidas y oscuras profundidades de los canales, y el GPS tan artesanal que utilizan los gondoleros para no chocar en medio de la noche en las curvas más cerradas: se trata de ‘un GPS de aullido de última generación’.

El aullido rebota por las paredes de las casas que cercan los canales, la señal llega a la Estación Espacial Internacional, y regresa a gran velocidad, rebotando de nuevo entre las paredes hasta llegar al aparato del destinatario en forma de berrido salvaje que perfora su tímpano. Si suena una gran voz, el de la góndola dos cederá el paso a la uno. Si suena la otra gran voz, será al contrario. Y si suenan las dos a la vez, el pasaje se tira al canal, y las carpas y ratas se reparten los restos de la góndola. Es frecuente por eso ver a algunas ratas vestidas de listas blancas y azules.


FLORENCIA
Es una ciudad preciosa, llena de museos valiosos, donde se come de maravilla. No en los museos, sino en los restaurantes. Solo tengo buenos recuerdos de Florencia, a excepción de la cola para entrar en la Galería Uffizi. El tipo de turista que visita los museos italianos es el mismo que se saca fotos con los cocineros en los chiringuitos de playa del Mediterráneo y eso ocasiona algunos problemas para quienes Dios no ha querido bendecirnos con el don de la paciencia. 


Recuerdo la cola de entrada al museo como una larga hilera de riñoneras amarillas. Aquellos tipos estaban tan preparados para chupar la cabeza de una gamba como para contemplar El nacimiento de Venus de Botticelli. En realidad, viéndoles las caras, creo que les daría lo mismo chuparle la cabeza a Botticelli y contemplar después la belleza de una gamba. Supongo que el arte contemporáneo ha creado los consumidores contemporáneos que se merece. La gran pregunta es por qué no se van todos a ver esas galerías conceptuales, y nos dejan al resto disfrutar en paz y sin riñoneras de la hipnótica genialidad de Fra Angelico y los Lippi.


El viejo elitismo de siempre, dirán algunos. Pues sí. Mi encendida defensa del acceso universal a la cultura se derrite como hielo al sol cada vez que comparto cola en los grandes museos italianos con los de la riñonera -¿dónde las conseguirán en 2015?-, la ropa deportiva, y la bolsa de patatas fritas con kétchup.

AFRICA
A algunos puede sorprenderles la presencia de África en un viaje por Italia. Es solo porque no conocen ciertas zonas de costa de la mitad sur de Italia. Creo que no he pasado tanto calor, tanta sed, y tanto todo, en mi vida. Todo ello rebozado en un ambiente tan árido que no era posible diferenciar entre nadar en la arena y hacerlo en el mar.

italia_rota_copia_resultLA TOSCANA
Si hay algo típicamente toscano, pero toscano de verdad, es la Toscana. Vivo enamorado de la Toscana y estoy convencido de que si algún día me jubilo, dejo de escribir, y me dedico a cuidar flores en el jardín de una casa de campo toscana, me iré a vivir a la Toscana. Estoy casi seguro.

ROMA
Resumir la ciudad eterna en un breve epígrafe de un breve ensayo sería una falta total de respeto a la historia del arte, la literatura, la religión, la gastronomía, el fútbol, las ciencias, e incluso a la historia de la historia. Además, el mundo esta lleno de guías turísticas para visitar Roma. Si bien, lanzo una sola advertencia a los que os resistís a emplear GPS: no todos los caminos llevan a Roma. Garantizado. Lo he probado y por culpa de eso pasé un verano muy extraño buscando el Foro Romano en Lituania.

CARTERISTAS
Se habla mucho de los robos en los grandes puntos turísticos de Italia. Supongo que con fundamento. Sin embargo, los peores robos no son a manos de carteristas, ni tampoco grandes atracos pistola en mano. No. Los peores robos se producen en el interior de los llamados ‘restaurantes turísticos’. Desconfía siempre de esos tipos tan sonrientes que están en la puerta de los restaurantes intentando convencerte de que entres, y que te prometen a cambio un precio que no olvidarás. Porque efectivamente, no lo olvidarás. Y como norma: desconfía siempre de un italiano sonriente. Lo más probable es que se esté riendo de ti.