Usos y costumbres del verano

Salir de la Operación Salida

Salir de la Operación Salida

Se denomina así a la operación por la cual cuatro millones de ciudadanos estresados, achicharrados, embotellados, y vestidos de chaqueta, deciden convertirse en ciudadanos estresados, achicharrados, embotellados, y vestidos de pantalón corto y con un cocodrilo hinchable en la baca del coche.



PREPARATIVOS

La operación ahora es sencilla. Antaño se hacía en carruaje y a las maletas de los niños y abuelos, había que sumar las de los caballos. No sé si en alguna ocasión has tenido que hacer una maleta equina. Es difícil combinar un ronzal de repuesto con toneladas de terrones de azúcar, un spray anti-parásitos, y un inmenso cepillo de dientes. En cuanto a la seda dental, suelen emplear el cable del cargador de móvil. Sobre todo si se lo has prohibido. Los caballos, incluso domados, hacen esencialmente lo que les da la gana. Así que no descartes que tenga que conducir él y viajar tú en el remolque destinado a transporte equino. Si te aburres mucho, prueba la alfalfa. Así entenderás mejor su drama.

El resto de los preparativos para el viaje se resumen en uno: resígnate.



EN CARRETERA

Una vez en carretera mi consejo es que circules siempre por el carril derecho. La existencia del tal carril es un conocimiento oculto que se ha mantenido en secreto hasta ahora gracias al celo de las más elitistas órdenes, que han hecho creer al pueblo que el único existente es el izquierdo. En realidad, el derecho es una preciosa autopista a tu disposición, libre las 24 horas del día. Eso sí: debes guardar a buen recaudo esta sabiduría de la que acabo de hacerte poseedor.

Circula con alegría por el carril derecho, y si además, lo haces con este artículo pegado a una ventanilla, te identificarás como lector de ‘Usos y costumbres del verano’, y podrás descubrir a otros que comparten tu pasión. En una operación salida es muy importante la solidaridad cuando surgen problemas en carretera. Y siempre surgen problemas en carretera.



A PONER GASOLINA

Si hace muchos años que no viajas, debes saber que ahora la gasolina te la tienes que poner tú, el cristal te lo tienes que limpiar tú, las alfombras te las tienes que aspirar tú, la presión de los neumáticos te la tienes que revisar tú, el periódico, las patatas fritas y los refrescos, te los tienes que coger tú, el café te lo tienes que hacer tú, y en la caja la tarjeta de crédito la debes introducir tú en el aparatito. Finalmente el empleado de la gasolinera, desde su tumbona, estira el dedo y pulsa un botón verde, y sale un papelito que deberás recoger, partir en dos, firmar y, por supuesto, entregar tú al cajero.

Hoy, cuando terminas de poner combustible, te quedas así, con la mano extendida al cajero, como un idiota, esperando que al menos te dé la propina.



A COMER

Comer en carretera es muy bueno para el colesterol y malo para ti. La ciencia debate aún el origen del aceite con el que se fríe prácticamente todo en los bares de carretera. Lo habitual es que, salvando –y no siempre- la ensalada mixta, todos los alimentos de la carta se presenten fritos, incluso la propia carta. Desde los churros o la leche, hasta las piezas de pescado o el chorizo. Todo, por supuesto, en el mismo aceite, lo que hace de la cocina de carretera un lugar extraordinario para descubrir sabores imposibles, como la leche frita al chorizo, o el pescado con sabor a rosquilla de anís. Una delicia sólo al alcance de viajeros.

En cuanto al precio, es todo tan sospechosamente barato que mi recomendación es que pidas los 10 menús que ofrece la carta. Vete probando hasta que encuentres uno que te guste, o que al menos no te haga llorar. Con los sobrantes puedes alimentar al caballo. Si es que no ha decidido largarse en tu coche con una yegua.



A ARREGLAR EL COCHE

En este punto del viaje se impone una parada imprevista. Y es la del piloto que se enciende. No hay operación salida sin piloto de emergencia encendido en el peor momento. Es hora de sacar el manual del coche y descubrir que no sabes dónde lo guardas. A cambio encontrarás la carcasa extraíble de la radio, pero de la radio de tú anterior coche.

Cuando logres toparte con el manual del vehículo, es hora de buscar la versión en español, y descubrir que la única que llevas en la guantera te da a elegir entre dos idiomas muy comunes en los arcenes leoneses: chino o alemán. Naturalmente, pides calma a la familia, y recuerdas tus hondos conocimientos de alemán a raíz de ver las portadas de la prensa germana el día que ganaron el Mundial.

Lo más importante es que te asegures de que en las inmediaciones de la página referida al piloto en cuestión –guíate por los dibujos como hacemos todos-, no encuentres la palabra “lebensgefahr”. Si no está, cierra el manual tranquilo, pon una pegatina de Pokémon sobre el piloto, y prosigue el viaje. Lebensgefahr significa “peligro de muerte”. Lo demás puede esperar.



A HACER PIS

Cuando todo parece funcionar, el pis. Horrible sensación al volante. La gran duda: ¿dónde parar? Podrías hacerlo en la cuneta, pero también podrías dar a conocer tu aparato a todo el mundo por culpa de cualquiera de las mil cámaras y radares, que tanto la policía como la televisión utilizan en la operación salida. Por otra parte, el temblor de la carretera al paso de camiones dificulta enormemente la relajación necesaria para que fluya el alivio, dándose el caso de tipos que han tardado hasta cuatro semanas en lograr hacer pis en un arcén.

Otros, por un exceso de pudor, se introducen a fondo entre los matorrales del arcén para evacuar con discreción. El enemigo acecha entre esas plantas, y se presenta en forma de abejorro salvaje, serpiente venenosa, o incluso en forma de trabajador de mantenimiento de carreteras, con escafandra amarilla y motosierra, desbrozándolo todo. Si te lo encuentras, corre. No intentes dialogar, porque llevan unos cascos que les impiden oír. La mayoría de los que se detienen a hablar, pierden toda posibilidad de volver a hacer pis, sea o no en el arcén.

Por último, pares donde pares, no dejes las llaves en el contacto. Queda fatal en comisaría responder a la pregunta: “¿y usted en dónde se encontraba cuando se produjo la sustracción del vehículo?”.