Usos y costumbres del verano

Verano Gran Hermano

Verano Gran Hermano

Hubo un tiempo en que veraneábamos mirando las cosas directamente y no a través de la pantalla del teléfono. De hecho, hubo un tiempo en que los teléfonos no tenían pantalla sino números, micrófono y auricular. Qué cosas tan estúpidas pasaban antes. ¿Para qué podría servir un teléfono sin pantalla? Supongo que les extrañará, pero hace algunas décadas los humanos acudían a las ruinas romanas, las playas, y los acantilados, y los miraban, y no sentían la necesidad de dispararse fotos a sí mismos. Que ahora se ven tantos y tan grandes los caretos en las fotos de vacaciones que resulta imposible distinguir si lo que hay detrás es el Coliseo de Roma o la plaza de toros de Las Ventas.

Tiempos raros los de ayer. Éramos capaces de veranear donde nos daba la gana y no sentíamos esa ansiedad de ver nuestras vacaciones respaldadas por un mínimo de 50 “me gusta”. Tampoco ningún desconocido osaba darnos su opinión sobre nuestras estrías en el álbum de fotos. En realidad, creo que ni siquiera existían las estrías.

Lo pienso y no sé cómo pudimos sobrevivir sin los mensajes de alerta sobre móviles que explotan en la playa, sin las fotografías de las paellas, y sin dar envidia a nuestros amigos con lujosas fotos de carísimos destinos vacacionales.


El ejemplo de Donald

Los lectores habituales saben de mi cariño y respeto al pato Donald. Héroe de infancia, modelo de casi todo, dechado de virtudes, y desencadenante del suicidio de una treintena de logopedas, Donald es, en fin, el camino a seguir para la gente de bien, el pato de los que no quieren meter la pata.

Tenía Donald una singular costumbre de vacaciones, cuando todo el mundo abandonaba Patolandia y dirigía sus pasos a lujosos destinos. El pato, como cualquier español de hoy, no tenía un céntimo para gastar en viajes. Así que pedía esos preciosos pósters que muestran en los escaparates de las agencias de viajes, y se atrincheraba con ellos en casa, cerrando todas puertas y ventanas como hacían los demás vecinos de Patolandia. Dejaba una nota en la puerta: “Regreso después de las vacaciones”. Era feliz en el salón con su foto del Caribe y su daiquiri y los pies metidos en una palangana. Enviaba a sus amigos preciosas postales de playas de todo el mundo, figurándose crónicas de veranos que no había vivido. Hoy Donald se sentiría como pez en el agua. Facebook en verano no es otra cosa que un inmenso expositor de falsas vacaciones, detrás de un densísima niebla de bikinis.


Twitter desierto

Otra red social que se queda desierta en verano es Twitter. Mientras la gente de carne y hueso se va de vacaciones, los únicos que se mantienen funcionando son los perfiles falsos. Así que no notarás ninguna diferencia en los insultos y calumnias.


Mala cobertura

Uno de los grandes problemas del mundo es la falta de cobertura 3G. Esto impide que en lugares como la cima del Everest, las profundidades del Cantábrico, y ciertos puntos de la selva amazónica, la cobertura no permita la navegación por Internet, y por tanto, la interacción en redes sociales. Resulta increíble que a nadie se le haya ocurrido dotar de cobertura a los sitios donde realmente se podría tuitear algo interesante. Son también los lugares donde se hace más importante poder consultar en Google cosas como “picadura de serpiente venenosa”, “¿cómo desenredar un pulpo de una pierna?”, o “¿dónde comprar whisky en el Amazonas?”.

En cambio, las compañías ofrecen una cobertura extraordinaria a todos aquellos veraneantes que fotografían sus muslos en primer plano, tendidos al sol en la playa. Si estás de viaje y necesitas cobertura urgente, acércate a una paella. Twitter y Facebook disponen de un servicio de emergencia por satélite para dotar de 3G a cualquier usuario que se acerque a una paella.


Sin batería

Los tablets y todos estos cacharros, de pronto, se apagan. Sin batería. Justo cuando ibas a hacer la mejor fotografía del viaje. Cargarlos en algunos lugares puede resultar imposible. La mayoría de las zódiacs no llevan enchufes, los de las playas sólo funcionan para cargar relojes de arena, y desconozco dónde cargan sus pilas las cotorras en los bosques tropicales. De todos modos, estés donde estés, busca bien, porque podrías llevarte sorpresas. En algunos ríos te puedes encontrar con un pez que da calambre. Utilizando el anzuelo adecuado, supongo que puedes cargar el móvil en una anguila. Algunas zonas costeras también tienen corriente pero no tengo ni idea de cómo se enchufa.


Desconectados

Por último, hay un montón de gente que anuncia sus vacaciones a bombo y platillo y asegura que estarán “desconectados hasta septiembre”. Y, en efecto, no volvemos a saber de ellos hasta después del verano. Los imaginamos rodeados de amigos y viviendo intensas aventuras veraniegas por ciudades de todo el mundo. En realidad, están abrasándose en cualquier tumbona, leyendo con avidez y sigilo todo lo que escribes en Twitter y en Facebook.

Son estos “desconectados oficiales” los que a mediados de agosto, en un día especialmente caluroso en su tumbona, se les resbala el móvil de las manos y les golpea la punta de la nariz, marcando accidentalmente un “favorito” absurdo en Twitter, o un “me gusta” en Facebook al mensaje “Estamos desolados, mi marido acaba de morir devorado por tiburones”.