No tienen sexo los Ángeles

Miley Cyrus cabalga de nuevo

Miley
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Miley Cyrus cabalga de nuevo

No, no es lo que parece; en realidad ya nada es lo que se insinúa o se dice que se pretende mostrar

Cuando Gay Talese, en “La Mujer de tu prójimo”, 1981, se enzarzó en una aventura periodística alucinante tratando de averiguar cómo era la realidad sexual de la sociedad americana, muchos pensaron que, al margen de obsceno, lo que en realidad ocurría era que estaba loco. Casi diez años de entrevistas, de aventuras en primera persona, como la incursión en las casas de masajes tan en boga en los años sesenta y setenta, a punto estuvieron de dar al traste con su matrimonio. Todo aquel propósito quedó fielmente relatado en un libro que no todos llegaron a comprender adecuadamente. El sexo, aparte de su componente motor en una sociedad que se modernizaba, también mantenía su significación cultural y un interés social que era el que más atrajo al escritor de origen italiano.

La “balada sexual” de Miley Cyrus en realidad es otra cosa. Nada de lo que le rodea o muestra es sexualmente excitante, pero insiste en ello una y otra vez. La melodía se repite continuamente con menos gracia o con la misma que pudiera tener una cutrez carnavalera en la que se exalta a don carnal. No, Miley no se pasa al porno como alguno ha pretendido ver, o hacernos ver en un gesto vergonzoso para una chica “modélica” para millones de adolescentes; quienes han sobrepasado la línea es la industria que la ampara, la factoría Disney que la promueve y la realidad mediática que se ampara en todo lo superfluo para movilizar la atención de las masas. Quienes en realidad nos hemos pasado al porno somos todos nosotros y nos hacen convivir con él a cada instante porque el disfraz vende. El resultado es un puro bodrio sin mayor interés, pero la acción, el hecho de que una archiconocida cantante pop se relama o cabalgue sobre un gigantesco pene entre su público, provoca una reacción en cadena que a muchos les excita, no la bragueta, sino la máquina de hacer y de engullir estrellas.

Miley Cyrus ni es guapa ni tiene cuerpo para ejecutar semejantes acciones, ni su música resulta brillante, o quizás es por ello el motivo por el que le hacen desprenderse de la ropa. Es más, detrás de ese sexo en flor de pega que muestra, por no haber no hay ni una pizca de emoción. Aunque dudo que a estas alturas la emoción le importe. Uno que piensa que el sexo es cosa verdaderamente seria, aguardo me disculpen comenzar haciendo seguidismo de aquello que uno critica; la carne es débil.