Joyas del móvil

Creo que el uso de este instrumento de telefonía ha superado todos los récords y estamentos sociales. No puedo confesar mi envidia y al mismo tiempo cierta desazón, al ver y comprobar como cualquiera mujerona de manos grandes y dedos grandotes, encallecidos por las diversas tareas del campo, reunidas en coro de cuchicheo social y parroquial, rápidamente y al momento se pide mandarle a fulana o zutana un wasap bien sea pidiéndole, informándole, recriminándole o felicitándola por tal hecho.
Y no para de desconcertarme tal habilidad, sobre todo cuando en algún momento se piden perdón, interrumpiendo la relación en que intervienen, para hacer un alto; pues menganita le acaba de mandar un wasap o incluso mostrándoles un vídeo que acaba de recibir. Estos días en Clínico, todo el personal sanitario, absolutamente todo, tiene sus minutos de móvil. Y por los pasillos y salas de espera más del 90% o bien lo tiene en la mano o lo está usando. Sirvan solo estos ejemplos del material que uno, poniendo algo de imaginación puede sacar de estos cortes de conversación oídos al pasar:

-(un señor mayor parado)Vosotros insistid, insistid, insistid… antes de que sea demasiado tarde, mirad bien lo que os digo… machacad, machacad, sino después quienes pagareis seréis todos vosotros y os vais a acordar…

-(un joven en compañía de su esposa que asiente) ¿Y tú no sabes de quién salió todo eso?... pues lo que oyes…sí. ¡Sí! ¡Sí! Que no te parezca mentira, porque es la verdad… ¡de mi hermano! ¿Qué no te lo crees?... Me da igual… ¡pero es así!...

-(una señora cuarentona experta en estancias en hospitales) Le tendremos que operar de nuevo; abrirle y ver la prótesis. Ver si hay infección, y según, quitarla y volver a ponerla de nuevo…

-(otra señora, acompañante de enferma) En el armario de la habitación… si… ¡es una falda azul lunares blancos!... en el fondo no… no… ahí está la ropa sucia o que hay que lavar… en las perchas no, colgada tampoco… en los cajones ni se te ocurra... ¡si es la única que tiene, no tiene otra igual!... pues mira luego donde están las sabanas para lavar… ¡Dios mío, qué hombres!... ¡pero qué hombres!...

Por José Rodríguez Gómez (Negreira) el
16/11/2018 09:57 h.