Vaya día

Hay días negros, en los que todos los españoles desearíamos quitar del calendario.

Tanto la noticia que nos tenía en vilo como la espera de la decisión del Tribunal Supremo, como la recibida por sorpresa del Tribunal Europeo de Derechos Humanos nos han dejado fríos.

A cada cual peor noticia. Cómo es posible que 28 teóricas eminencias necesiten de tantas horas para acabar claudicando a favor de la banca, y para eso nos han creado unas expectativas que a todas luces parecían justas? ¿Qué poder tienen los magnates del dinero, y además duele sobremanera, cuando hace tan poco que nos habían sacudido la cartera con el rescate que ya veremos si algún día le pudiéramos ver retorno? Una chapuza de quien uno debería de tener en máxima estima y de quien uno debería de fiarse por lo importante de sus decisiones. ¿Qué les haría cambiar de decisión? 

A partir de ahora cualquier decisión que tome ese tribunal nos va asonar cuando menos a desconfianza.

Lo del señor Otegi y sus secuaces es algo que también escuece. ¿Sobre qué se sentaran los que han sacado tal conclusión de que por un matiz de la juez sobre algo que es de dominio público para tirar por tierra una decisión de los tribunales españoles que aquí si saben de qué pata cojean los afines del señor Otegi?

Si por un matiz como ese, un afín a los violentos va a pasar de malo a bueno, vamos listos.

La paradoja es que unos anti sistema se apoyen en el mismo para sacudirse de encima unas penas justamente aplicadas.

Y de paso, ¿no sería bueno que para poder ser candidatos a las instituciones fuera condición sine qua non una declaración de condena sobre cualquier acción de terrorismo? Con ella se salvarían muchos obstáculos, a más de uno se le saldrían los colores delante de sus votantes.