El olvido de los insignes

El olvido de los insignes

Sorprende la capacidad de los humanos para borrar de su mente aquello que no interesa. Algunos psicólogos estiman que es bueno saber olvidar. La vida, recordando tanto infortunio, se haría demasiado pesada. Es bueno disponer de una memoria selectiva. Nos podríamos quedar con lo “bueno” de la historia.

Recientemente ha salido el último número de la revista Interviú, de gran importancia para la Transición. Eduardo Álvarez Puga fue algo más que su director. Bajo la consigna de Antonio Asensio Pizarro “sexo, claridad y libertad” desarrolló el papel de ideólogo. Una visita a Manolo Peña Rey en Ourense fue decisiva para comprender el momento político; apoyó desde el “grupo Zeta” diversas iniciativas para fortalecer la democracia incipiente, a veces bastante distante de las consignas oficialistas. Fueron muchos los periodistas gallegos, también de Ourense, que viajaron en aquel momento a Barcelona para estudiar el papel que desarrollaba la “prensa burguesa” en la Transición. Se mezclaban los intereses económicos nacionalistas con los ideológicos. Reflejar las inquietudes de una juventud sin futuro, cerrar heridas dolorosas, requería una gran sensibilidad además del arrojo de todo buen periodista. Se hicieron muy buenos reportajes sobre la droga, el tráfico de influencias, los militares, la reforma de la justicia, el obstruccionismo político, la opacidad del nacionalismo. El sexo era sólo el atractivo para determinado sector de la ciudadanía. Eduardo tuvo que pasar varias veces por tribunales militares para explicar la “bondad” de la libertad en el sistema democrático.

El contexto histórico dentro del cual tuvo lugar un tenso y fructífero debate acerca del papel de la prensa estuvo plagado de conflictos sociales y políticos, que todavía perduran.