¡Adiós, 2017!

Tenía la esperanza de que fueras un año ilusionante, pero me has decepcionado. La corrupción ha continuado teniendo una gran presencia en la política de este país. Tampoco se libró el noble deporte del balompié, aquel que llegó a nosotros a través de los marinos de la British Royal Navy, cuyo presidente de la Real Federación Española de Fútbol fue encarcelado por presunto saqueo de las arcas de la entidad que presidió durante 29 años. Del mismo modo, Iñaki Urdangarin y su esposa, la infanta Cristina, investigados por su presunta implicación en el Caso Nóos, continúan su retiro dorado en tierras helvéticas, en un flagrante agravio comparativo.

En Cataluña, el horror de la sinrazón del terrorismo yihadista ha vuelto a causar dolor y muerte por segunda vez en España. Y el presidente de la Generalitat, pisoteando la Constitución, en un claro desafío al Gobierno, ha declarado la República Independiente en un referendo ilegal, y se “autoexilió” en Bruselas, huyendo de la Justicia, con la ingenua intención de poner su particular pica en Flandes.

Galicia, junto con Asturias y Portugal, ha vuelto a arder por los cuatro costados. Los incendios forestales devastaron montes y bosques, dejando a la población rural sin sus casas, además de causar la siempre lamentable pérdida de vidas humanas.

No quiero olvidarme de la violencia machista, que ha vuelto a causar medio centenar de víctimas. El desempleo, la precariedad laboral, el irrisorio aumento de las pensiones... ¡Bienvenido, 2018!