Lunes 21 de mayo de 2012
última actualización: 09:04
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La medicina 'occidental' aparece como la única auténtica. Se ha difundido por todos los continentes, relegando a las medicinas tradicionales al rango de prácticas retrógradas, con frecuencia ilusorias. El desarrollo de la medicina moderna ha contribuido en gran manera -junto con el espíritu científico, los conocimientos y terapias, ligados a los de higiene, la educación. El estilo de vida- a la salud. Con ello se ha logrado mejor calidad y más prolongada.
La reforma oficial que se está haciendo en la sanidad consiste en poner todas las condiciones -incluido el alarmismo- para facilitar la migración de la actividad hacia el sector privado a través de las mutuas o de otras organizaciones. Ello, lejos de hacer más accesible la salud a todos los ciudadanos, encarece el servicio y la hace más privativa de las clases sociales más pudientes. En la salud o la educación, cuando son negocios regidos por las leyes del mercado, importa menos la calidad del servicio. Las empresas comerciales están motivadas fundamentalmente por la cuenta de resultados comerciales. La Dama de Hierro puso de moda el pensamiento de que lo privado es más barato. Se trata de una ilusión. Lo público en salud y educación ha de tener una gestión de servicio a todos los ciudadanos con criterios de rentabilidad social. Desgraciadamente, muchas de nuestras inconformidades están en los resultados del sistema en el cual vivimos. Las democracias han intentado mejorar nuestras condiciones de interacción social, pero esto no siempre ha sido del todo satisfecho, y cuando lo ha sido, nuestras expectativas ya han cambiado. Por esto nace el Estado como 'solucionador' de insatisfacciones.
El mejor negocio consiste en invertir racionalmente en salud. Abundan, no obstante, aquellos que miran la salud como un negocio individual. Los recortes de servicios en sanidad serían más efectivos acompañados de los recortes en prácticas antisociales.