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Noemí Penela, inagotable inspiración

M. Vázquez | 21 de Febrero de 2016

Noemí Penela con una de sus pinturas.
Noemí Penela con una de sus pinturas.

La ourensana comenzó estudiando  psicología en Santiago de Compostela, pero comprobó que la psicología no le hacía feliz y cambió de rumbo hacia el arte, algo que siempre llevó dentro pero no sabía cómo expresar

Noemi Penela ha tenido una trayectoria vital muy frenética. Nació en Pontedeume y por causas de trabajo su familia y ella misma tuvieron que moverse mucho durante su infancia. De ahí su carácter viajero y de que no llegue a considerarse de ningún sitio concreto. Viajar era parte de su vida pero llegó un momento en que echó frenó, respiró hondo y con todos los ingredientes que recopiló en su vida eligió Castrelo de Miño para asentarse. Un lugar que confiesa que es para ella todo un descubrimiento y una inspiración. Ahora expone, hasta el día 11 de marzo, en el Parque Naútico de Castrelo su colección "El sueño de Valentina".

Noemí Penela comenzó estudiando  psicología en Santiago de Compostela, pero comprobó que la psicología no le hacía feliz y cambió de rumbo hacia el arte, algo que siempre llevó dentro pero no sabía cómo expresar. Estudió Ilustración en la Llotja de Barcelona y Conservación de Bienes Culturales lo que le permitió dominar muchas de las técnicas que hoy día utiliza. Su formación se completó en Londres, norte de Italia y Grecia donde nació su pasión por el arte clásico y el fresco. 
En sus trabajos utiliza técnicas tradicionales, y le gusta formar parte de todo el proceso de la obra, desde la preparación de las telas o la madera hasta el marco.

De “Ilustrando soños", su anterior exposición, a “El sueño de Valentina", su última exposición, ¿cuál ha sido su evolución?

Durante estos años he realizado otras dos series que he expuesto en diferentes espacios de A Coruña y Vigo: “Al otro lado del espejo” y “Vírgenes o Diosas”. Con cada trabajo he dado un paso más en el camino a las técnicas y motivos más tradicionales. Mi pintura es más contenida y los temas cada vez más oníricos y mitológicos. Con los años, puede que por influencia de mi trabajo, valoro cada vez más el arte clásico y me acerco más a él pero siempre aportando mi sello personal.

A la hora de pintar, ¿en qué se inspira?

Me inspiran las personas, sobre todo las mujeres que conozco, provengo de una familia en la que las mujeres tienen una gran personalidad y han luchado para sacar adelante a su familia solas por diferentes motivos, ese universo femenino lleno de historias mágicas y trágicas al mismo tiempo será ya una inspiración de por vida para mí.
Ahora he encontrado otra fuente de inspiración inagotable, mi hija Valentina de dos años. Cuando nació me costó volver a coger un pincel, llegué a pensar que ella era mi última obra creativa, pero fue todo lo contrario, cuando empecé de nuevo a pintar no pude parar y creo que mis obras han ganado en fuerza y seguridad.

¿Crea alguna atmósfera especial a la hora de pintar o se deja llevar?

Tengo la mejor atmósfera que cualquier artista puede desear, una casa maravillosa pegada al embalse de Castrelo de Miño que estamos restaurando. Solo mirar el río desde mi ventana es el incentivo perfecto para iniciar cualquier proyecto creativo.

¿Cómo definiría su obra?

No puedo definir mi arte con ningún estilo concreto, podría decirse que nado entre el Simbolismo modernista y el Surrealismo pop. Sobre todo intento hacer lo que me gusta y no caer en la radicalidad de cierto arte contemporáneo que aleja el arte del gran público.
Los artistas actuales dependemos cada vez más de las reglas del mercado más cerca del marketing de empresa que de los valores propiamente artísticos. La gente está cansada de que le digan lo que le tiene que gustar. Los consumidores de mi arte lo hacen porque las obras les dicen algo, por lo que les hacen sentir no por inversión o porque les queda bien con la tapicería del sillón y eso me da fuerzas para seguir adelante con lo que hago.

¿Qué busca transmitir con ella?

La verdad es que cuando pinto no pienso en transmitir nada. La pintura es para mí una vía de escape, casi una terapia, pintando me dejo llevar por mis emociones y miedos. Me gustaría que los demás también se identificaran con ellas y las interpretaran en función de sus propias emociones.

También tiene una faceta como restauradora, háblenos de ella.

Trabajo como conservadora bienes culturales. Me dedico principalmente a la restauración de obras de arte, objetos artísticos y antigüedades y sobre todo a trabajos para particulares interesados en conservar su legado familiar. Recientemente he participado en la restauración del retablo de San José de Santa María de Melón y en los retablos de la iglesia de Astariz en Castrelo de Miño.
Creo que nuestro patrimonio es la herencia que nos fue legada por nuestros antepasados y forma parte de nosotros, hay que preservarlo de la destrucción indiscriminada que padece, tanto por la mano del hombre como por el paso del tiempo, por eso mi trabajo, aunque duro, es muy necesario y satisfactorio. Tenemos que aprender a valorar lo nuestro, desde un gran retablo barroco hasta la silla de nuestra abuela.

¿Algún proyecto en el que ande envuelta y que pueda desvelarnos?

Actualmente estoy trabajando en una serie inspirada en la pintura flamenca del siglo XV pero con una temática muy actual, creo que el resultado será algo sorprendente que no va a dejar indiferente a nadie. Es muy pronto para hablar de fechas pero espero poder mostrarla este verano.
De momento sigo cerrando exposiciones para viajar un poquito más con “El sueño de Valentina”. 

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