Los 'Paseos' en Orense
(1) Esa necesidad de verse los unos a los otros, de contemplarse y de reunirse, es lo que da origen a que en todos los pueblos haya un 'paseo', entendiendo por paseo el sitio y no el acto de pasear. En Orense que yo recuerde se paseaba en verano en la Alameda y en el Jardín del Posío y, en invierno, en la calle de la Paz -delante del Teatro Principal- y si llovía en los soportales de la Plaza Mayor. Los martes, jueves y domingos, el paseo en la Alameda era con música. Aquella Banda Municipal dirigida por el maestro Ricardo Coutier amenizaba la concurrencia. La Alameda era poco más o menos como hoy, salvo la parte de los nuevos jardines y donde está el edificio de Corros. Allí estaba el antiguo Hospital de San Roque y, entre éste y la Alameda propiamente dicha, había un camino que bajaba hasta el río. Delante del Hospital de San Roque había un explanada y en ésta, un quiosco de cristales donde se servían refrescos y helados. Cuando había música se ponían a ambos lados del paseo central unas sillas plegables, de madera, que se alquilaban al precio de diez céntimos.
Allí se sentaban las mamás mientras las niñas daban vueltas a la noria. Las parejas de novios, por aquello de las conveniencias sociales, no podían sentarse, pues estaba mal visto, debían de pasear delante de todo el mundo y mientras durase el paseo.
Había música los martes por la tarde y los jueves y los domingos por la noche. La gente daba vueltas y más vueltas girando en sentido contrario a las agujas del reloj. Las personas mayores,
sentadas a los lados, contemplaban el lento deambular y las señoras comentaban entre sí todas esas cosas...: que si el traje de fulanita,que si el sombrero de menganita, que si parece que fulano mira mucho para fulana... Mientras clavaban con insistencia sus 'impertinentes', que venían a ser una cosa así, como unos rayos X de mano que usaban casi todas las señoras tuviesen o no necesidad de sus dioptrías. Esta moda de los 'impertinentes' desapareció, por fortuna, pero nunca hubo, a mi juicio, un nombre más acertado para aquellas gafas con mango.
En el verano, y si hacía mucho calor después de misa de una, se paseaba en la calle de Pereira (hoy Avenida de Pontevedra) donde había nada menos que cuatro cafés: el Victoria, el Unión, el Iberia y el Regio con sus terrazas de veladores.
Entonces aun no estaba de moda tomar el aperitivo y se consumían ingentes cantidades de refrescos, que por cierto, los había de todos los colores y para todos los gustos. Otras veces el paseo era en el Jardín del Posío, pero tenía menos éxito que en la Alameda, a pesar de que el maestro Coutier ejecutaba lo mejor de su repertorio. Y en el invierno en los días de sol, por las tardes,
se paseaba por la carretera de Lonia o por la de la Granja que era el sitio más soleado de Orense. Después la gente dio en pasear 'delante del cine' (salón Apolo) que tenía un órgano eléctrico, con unos muñecos. Desde entonces quedó la costumbre de pasear en la calle Paz Nóvoa (hoy Calvo Sotelo) y se abandonó la Alameda , y como Orense creció, el paseo creció también hasta el Parque de San Lázaro. Y la gente abandonó la música de verdad por la música mecánica del órgano aquél.
(J. M. Amor 1960)