Sábado 4 de febrero de 2012
última actualización: 13:18
última actualización: 13:18
Última hora:
La búsqueda de Laura Alonso en los montes de Toén permitió descubrir que en los edificios en ruinas que forman parte del Hospital Psiquiátrico se hallan abandonados expedientes de pacientes, facturas y libros de cuentas. Se cuentan por miles. En el caso de los informes psiquiátricos, aparecen datos de pacientes de los años 70.

Caos, decadencia, inmundicia... estrechan su cerco sobre el Hospital Psiquiátrico Cabaleiro Goás, en Toén. El abandono en que se sumen algunos de sus edificios no es nuevo. De hecho, es todo lo contrario a lo nuevo, pues hay edificiones, comenzadas a construir hace 40 años, que ni siquiera fueran finalizadas. Entre las acabadas, algunas ni llegaron a ocuparse. Lo que se ignoraba es que en la soledad e intemperie que gobierna esos inmuebles se hallan esparcidos expedientes de pacientes, miles de facturas, libros de cuentas, medicamentos, publicaciones científicas, trabajos docentes, y un largo y sucio etcétera, que quedó al descubierto por las cámaras de Telemiño (como avanzó ayer en su informativos), durante la cobertura de la búsqueda de Laura Alonso, la vecina de Toén aparecida muerta a manos de su ex pareja. Algo en el funcionamiento de este centro, cuya gestión depende de la Consellería de Sanidade, no se adapta a la Ley de Protección de Datos. Justo una legislación que en otras áreas de la sanidad gallega es invocada una vez y otra. Toén representa un caso extraño de excepción.
Identidad, patalogías, medicación o hábitos sociales de pacientes de los años 70 forman parte de la información a la que puede tener acceso aquel que explore el abandono en el que vive hoy el entorno de este centro. Porque el acceso a las instalaciones constituye otra de las debilidades del recinto. Las multiples pistas que cortan los bosques de Toén permiten el acceso al perímetro del psiquiátrico sin topar con control de seguridad.
El antiguo edificio administrativo, en cuya entrada puede verse el cartel que lo identificaba, está cercado por vegetación silvestre, y su puerta principal, candada. El acceso al sótano, en cambio, es libre. No hay ni puerta. En su oscuridad se convocan el caos, la decandencia, la inmundicia... y los expedientes de los pacientes. Son miles los papeles desparramados por el suelo. Una parte de ellos han tratado de hacerse desaparecer en una hoguera. Las huellas del fuego son perfectamente identificables. Otros muchos han resistido a la quema y a las décadas.