Martes 16 de marzo de 2010
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El título de este escrito lo tomé de una película del mismo nombre, sólo a modo de introducción. Viene al caso porque tengo una compañera, diputada del grupo socialista en el Congreso por una provincia andaluza, que muy amablemente me ha invitado a asistir en directo a una sesión parlamentaria de control al Gobierno en Madrid. Entre sus principales tareas figuran varias responsabilidades en favor de los derechos de las mujeres.
Me agrada especialmente esta visita por la bondad de corazón y la sencillez de mi anfitriona. Todavía recuerdo las opiniones que sobre el universo femenino manfiestaban algunos hace unos años cuando afirmaban que les gustaba la ‘mujer mujer’, sin embargo, esta tipología femenina viró contra natura con el paso del tiempo, y en lugar de envejecer empezó a menguar hasta convertirse en una niña, que a ellos les gustaba especialmente.
Yo, por mi parte, ahora que se acerca San Valentín, quiero expresar mi afecto y consideración por todas aquellas mujeres que, al margen de su condición sexual, de su situación social o de sus posibilidades económicas, viven y trabajan en defensa de la igualdad y son, antes que otra cosa, y por encima de todo, personas éticas, libres e independientes.