Domingo 14 de marzo de 2010
última actualización: 19:58
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La muerte de Eluana Englaro, de la que hoy se cumple un año, derivó en una exigencia unánime de los políticos de Italia para adoptar una ley sobre el testamento vital con el fin de evitar la repetición de casos dramáticos como éste, pero no se ha aprobado normativa alguna al respecto.

Eluana Englaro, de 38 años, falleció el 9 de febrero de 2009 en una clínica de Udine, localidad situada en el noreste de Italia, después de cuatro días sin recibir alimentación e hidratación, como había autorizado a la familia una sentencia del Tribunal Supremo.
Después de 17 años en coma irreversible tras sufrir un accidente de tráfico, Eluana fue ayudada a morir como su padre había pedido durante una larga batalla judicial.
La mujer falleció mientras el jefe del Estado, Giorgio Napolitano, se negaba a firmar una ley que el Gobierno presidido por Silvio Berlusconi había intentado ratificar en pocas horas para prohibir la suspensión de la alimentación e hidratación a cualquier enfermo y evitar así los deseos del padre de Eluana.
Tras su muerte, los exponentes de la mayoría conservadora y la oposición se comprometieron a agilizar los trámites para aprobar una ley que regulase el fin de vida, pero sin llegar a algún acuerdo.
El 16 de marzo del año pasado, el Senado aprobó un proyecto de ley sobre el testamento vital que prohibía la suspensión de la alimentación e hidratación a cualquier persona y dejó en no vinculante la expresión de la voluntad de los pacientes sobre las medidas a adoptar en caso de enfermedad extrema.
Desde ese día, el proyecto de ley se quedó anclado en la Cámara de los Diputados entre miles de discusiones.
‘El Parlamento había organizado una carrera para aprobar una norma que anulase lo que había establecido el Tribunal Supremo (...) Parecía que esa ley era indispensable para los italianos, que era fundamental para la salvaguarda de algunos partidos. Ha pasado un año y la ley no existe. ¿Por qué? ¿En qué punto está?’, escribe hoy Beppino Englaro en una carta publicada en el diario ‘La Repubblica’.