Sábado 11 de febrero de 2012
última actualización: 17:04
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Una colección de más de 6.000 documentos refleja la actividad empresarial local del último siglo. El presidente del Instituto de Estudios Valdeorreses, Aurelio Blanco, pretende cederla, a cambio de que se exhiba en un local.
El 'Salón García Valle' acogió el espectáculo de 'hipnotismo burlón' ofrecido por Tim Mc Coy. El festival se desarrolló en O Barco, en 1936. Hoy, transcurridos 74 años, son contados los barquenses que conocen la existencia del local. El folleto que anuncia el evento forma parte de las colecciones de documentos (más de seis mil) y objetos que atesora el presidente del Instituto de Estudios Valdeorreses, Aurelio Blanco Trincado, en el bajo de la céntrica calle San Mauro.
El local está ocupado por un batiburrillo de documentos, fotografías y objetos reunidos con una única finalidad: evitar que el olvido se adueñe de la historia local más reciente y mostrarla a los herederos de quienes la protagonizaron.
Ante los ojos de cristal de una máscara de gas que alguien usó en las minas de Valborraz (Carballeda) Aurelio Blanco muestra el recibo de una mensualidad de 10 pesetas que expidió el desaparecido colegio 'San Vicente Ferrer', allá por 1918. No se acuerda de su ubicación pero sí es conocedor de la obligación de alojar a soldados, vigente durante la Guerra Civil. 'Alojará a dos soldados', ordena un impreso fechado en noviembre de 1936 y dirigido a una familia cualquiera de la villa. De este mismo año es el resguardo del 'foro' de un cántaro de vino, entregado por un vecino de O Castro a la familia de Alfonso Flórez, propietaria del pazo.
Mezclados con los papeles, Blanco guarda los artículos que más consumieron los barquenses de la primera mitad del siglo XX. Esta sección incluye un botín fabricado en 'La Favorita', las velas de 'La Industrial Cerera' y el folleto propagandístico de 'Jabolia', elaborado en 'Jabones El Cisne', otra empresa local ya desaparecida. Su propietario resalta sus cualidades para quitar la grasa, que lo hicieron indispensable en los talleres de toda España. Ahora, el presidente del IEV espera que un museo impida que se pierda para siempre.