Sábado 11 de febrero de 2012
última actualización: 17:37
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Más de 17 puntos por partido promedió en la ACB la temporada pasada Paolo Quinteros. Unos meses después está jugando en la LEB Oro. 'Si estoy a gusto en un sitio no tengo por qué cambiar', dice Quinteros. La respuesta tiene lógica y que el lugar en cuestión sea Zaragoza, el club un histórico, el objetivo regresar a la mejor Liga del mundo y el aguinaldo lo compare con salarios de esa categoría reafirman la apuesta.

Quinteros es una joya en una Liga de lujo. Un jugador capaz de decidir partidos, con experiencia para mostrar el camino correcto y con capacidad de liderazgo para llevar las riendas. El signo de exclamación en una plantilla escrita en mayúsculas desde el banquillo a los titulares.
Educado y accesible. Parco y serio en cada respuesta. Habla de la cita de hoy como 'la más importante de la temporada. Nos quedan siete finales y ésta es la primera' y reconoce que el descenso de la pasada campaña fue 'un trago muy duro de digerir para cualquiera'. Un ganador, como su ídolo al que lleva tatuado en el brazo.
Jugar el Mundial de Turquía este verano es su próximo objetivo. El ascenso es una exigencia 'lógica con la plantilla que tenemos'. Su rol no cambia, nunca lo hará. Es un anotador compulsivo. La camiseta y la Liga no influyen.