Sábado 11 de febrero de 2012
última actualización: 07:41
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Y de ello da fe el sentir de la parroquia de Amarante, que así se llama Dacón, en el día de ayer desde que supo de su fallecimiento.
Don José Vázquez Domínguez se trajo hace más de 30 años el calor de las aguas de Riocaldo y se identificó con su nueva parroquia en la que sucedía a párrocos de la categoría de Don Mariano, Don Francisco o Don José Antonio. Y lo hizo muy bien granjeándose el cariño de sus fieles. Era una persona naturalmente buena, sin enemigos, afectuoso y acogedor para todos. Se hacía querer; la bondad en un tomo, pequeño de estatura pero muy grande de corazón.
Había nacido en Buenos Aires (26.2.1930) y ordenado sacerdote el 27 junio de 1954, un Año Santo también. Su larga enfermedad de cinco años le habrán servido para constatar el cariño de su parroquia a la vez que para su santificación. Le impidieron marcharse y hasta última hora trató de servir a sus feligreses.
Será siempre recordado en la parroquia, que era la de mi querida madre y donde tantos familiares tengo, como un hombre bueno, cercano, sencillo y profundamente religioso. Con una religiosidad propia de las almas grandes que se hacen como niños a la hora de la fe.
Su paso por Dacón va a ser imborrable para cuantos le conocimos. Para aquellos a los que siempre acogía con una sonrisa tierna y pícara a la vez, pero también para tantos y tantos a los que de manera anónima ofrecía su ayuda de forma callada. Socorrió a unos, atendió a los otros y a todos se manifestó como sacerdote de cuerpo entero. Era, antes que nada, un sacerdote ejemplar.
Bien siento que la distancia me impida acompañar a esa tan querida feligresía y poder unirme a su sentimiento sincero y a su oración entrañable. Aquel lo tendré hacia quien me acogía siempre como feligrés; ésta, ya desde ahora, sale de mi corazón a quien todo lo puede y sabrá pagarle con creces su labor sacerdotal.
Descanse en paz, querido Don José, y que en este año sacerdotal, su ejemplo haya servido para cuantos tratamos de seguirle aún aquí en la tierra. Viva con Cristo el intachable sacerdote, entrañable amigo y hermano muy amado en el sacerdocio.