Sábado 11 de febrero de 2012
última actualización: 07:41
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El debate social sobre el aborto se plantea de forma dispar : un discurso abortista anoréxico de ideas y bulímico de ideología intenta apagar lógicas y datos.
Fuerza contra razón. Ideología contra ideas. Artificio legal contra ley natural. Poder contra Autoridad. Relativismo contra verdad. Y lo peor: un Estado erigido en amo y señor del ciudadano.
Las leyes del aborto se colaron de matute falseando dato el estadístico (la de 1985) o consenso (la de 2010). Una parte de los media apoyó la impostura y el debate se dio por cerrado antes de haberse iniciado .
Mientras funcionó la separación de poderes el Tribunal Constitucional ( 11 de abril de 1985 ) pudo sentenciar que “la vida del nasciturus es un bien jurídico protegido por el artículo 15 de la CE , lo que obliga al Estado a abstenerse de interrumpir o de obstaculizar el proceso natural de gestación'.
Sucede hoy que la primera causa de muerte es el aborto. Además el hecho de poner a los abortados en estadísticas aparte significa que para el Estado son 'diferentes'. Que no son humanos. Y así se demuestra que el inhumano es el Estado.
Y de segunda víctima, la mujer. El 'síndrome post-aborto' es para ella una dura experiencia que determina un cuadro clínico bien caracterizado. Un estudio reciente estudio indicaba que el 80% de las mujeres sometidas a aborto voluntario sufre síntomas depresivos, el 40% tuvo “gestos e intentos de suicidio” y la incidencia del suicidio es en ellas entre 6 y 7 veces mayor que en las que dan a luz. España dispone de protocolo de aborto, pero no de síndrome post-aborto.
En fin, ante dramas de tal magnitud, sobra la omertá social: es momento de objetar el presunto derecho al aborto. Las actuales leyes antivida no son dogmas, admiten derogación. En el empeño, nos la jugamos como civilización. Que entre sus libros, la sombra de Delibes siempre seguirá siendo alargada.