Lunes 21 de mayo de 2012
última actualización: 13:24
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Hacía tiempo que las risas y las conversaciones hasta la madrugada no se dejaban oír en la aldea de Saumede. Apenas una decena de casas abandonadas, de las que sólo una se mantiene en pie, conforman el paisaje rural de este núcleo bolés al que la emigración y el envejecimiento poblacional le robó sus últimos vecinos en la década de los 70. Desde entonces, sólo unos cuantos nostálgicos de otras épocas y los descendientes de sus últimos moradores acudían a la aldea en busca de recuerdos. Hasta ahora.

Hace apenas dos semanas, y tras recorrer por carretera los más de 1.500 kilómetros que separan A Bola de la Bretaña francesa, un grupo de jóvenes integrantes de la Asociación cultural 'El pueblo', se instalaba en la aldea con el objetivo de disfrutar de un verano diferente, colaborando por la conservación del medio ambiente y conociendo de primera mano la cultura tradicional ourensana. 'Supimos de Ourense, A Bola y después Saumede a través de una buena amiga de Verín, cuyo hijo acude cada año de intercambio a Bretaña', explicaba en un perfecto castellano Alexandre Bonnin Clavier. 'Ella fue quien nos habló de los ayuntamientos de la Reserva de la Biosfera del Área de Allariz y de su diferente forma de enfocar los servicios públicos con una clara apuesta por el medio ambiente', matizaba.
acampada al aire libre
La entidad sin ánimo de lucro puso en marcha entonces un proyecto de desarrollo del medio rural a través de la rehabilitación y recuperación de aldeas abandonadas, una problemática cada día más extendida en el mapa provincial. 'Los dos primeros días no teníamos luz ni agua, pero gracias a la generosidad de los vecinos y del concello, conseguimos habilitar una pequeña estancia en el bajo de una casa con una cocina y una nevera', relataba Matthieu Blit, uno de los impulsores de este proyecto, a las puertas del campamento montado en una de las 'airas' del pueblo.
A los pies del castro celta de Berredo, en estas semanas la aldea ha experimentado un cambio espectacular. Tras la construcción de una zona de servicios -con duchas, aseos y hasta una pista de petanca incluida, este variopinto grupo de ingenieros, pintores, licenciados en Biblioteconomía o Ciencias Políticas, con edades comprendidas entre los 22 y 40 años, está desarrollando una intensa tarea de limpieza y desbroce de viviendas y fincas. 'La idea es sacar a relucir este rico patrimonio etnográfico', apuntaba Blit. Un gesto que, pese a las reticencias mostradas en un principio por algunos propietarios, ha llenado de satisfacción a los lugareños. 'Son gente seria que se ve que vienen a trabajar', confirmaba uno de los vecinos que estos días visitaba el pueblo para ver el visita en el pueblo.