Martes 22 de mayo de 2012
última actualización: 11:42
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No esperaban a ningún pasajero ni preveían coger ningún tren y, sin embargo, se agolpaban en el andén número 3 de la estación de A Ponte.

Seguramente debían pensar que no todos los días se inaugura una línea directa al futuro o, más concretamente, a un presente en el que la puntualidad es la que manda. A las 12.09 horas, apenas 38 minutos después de haber salido de Santiago, el primer Avant que circulaba en Galicia llegaba a la ciudad y lo hacía con un buen número de ourensanos esperándolo. Hubo incluso algunos aplausos -posiblemente dirigidos a los políticos, ya que los había de todos los colores- y mucha curiosidad por ver tanto al tren como a las autoridades.
Así terminaba un recorrido que había comenzado en A Coruña a las 11 de la mañana. Los invitados al viaje inaugural llegaron a cuentagotas a la estación coruñesa con la impresión de quien sabe que participará en un acontecimiento que pasará a la historia. Apenas 10 minutos antes de la partida del tren y cuando ya a las puertas de la estación esperaban José Blanco, Agustín Hernández y Francisco Álvarez Cascos, entre otros, llegaba el presidente de la Xunta, Alberto Núñez, que junto al resto de la comitiva participó en el descubrimiento de una placa que recordará que 'De esta estación salió el primer tren de alta velocidad de la línea Galicia-Madrid'.
PUNTUALIDAD
Ya en el tren, y con la megafonía anunciando que la próxima parada era Santiago, llegó el momento de fijarse en los detalles. Asientos cómodos y con toma de electricidad por si el viajero quiere, por ejemplo, conectar a la corriente un portátil. Máquinas expendedoras de bebidas y snacks por si entra el hambre, cosa poco probable porque cuando una se quiere dar cuenta, el tren estaba ya entrando en Compostela. A las 11.27 horas cuando el Avant frenaba para recoger a otra comitiva de autoridades, encabezada por el alcalde, Gerardo Conde Roa, y periodistas. Las 280 plazas del tren -hay dos más para personas con movilidad reducida- fueron entonces insuficientes para que todos los viajeros fuesen sentados.
A las 11.33 horas el tren partió de Santiago. Las pantallas reflejaban velocidades de 194 kilómetros por hora -llega a los 220- pero los viajeros no lo percibieron hasta que comprobaron que estaban en Ourense a las 12.09. La alta velocidad era, por fin, una realidad en Galicia.