Miércoles 23 de mayo de 2012
última actualización: 21:48
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Una de las grandes obras de la literatura española del siglo XX, 'La familia de Pascual Duarte', de Camilo José Cela, llega hoy a Madrid en una adaptación teatral 'cruda y muy visceral, que no da respiro alguno al espectador', ha explicado su protagonista, Miguel Hermoso, en entrevista con Efe.

Se trata de la primera versión teatral que se realiza de esta obra escrita en 1942, un relato imprescindible sobre la España Negra y las pasiones elementales, de cuya conversión escénica se ha encargado el dramaturgo Tomás Gayo, para un montaje que dirige Gerardo Malla.
La viuda y titular de los derechos de 'La familia de Pascual Duarte', Marina Castaño, accedió a vendérselos a Gayo con la condición de que su estreno tuviese lugar antes de octubre de 2011, lo que sucedió el día 15 de ese mes en Castellón, tras un preestreno celebrado en la localidad madrileña de Torrejón de Ardoz.
Ahora, tras un periplo por 20 ciudades españolas, llega al teatro Fernán Gómez de Madrid, donde permanecerá hasta el 4 de marzo.
Miguel Hermoso ha argumentado hoy que 'siendo sinceros, cuando el espectador acude ver una función como ésta, aunque sabe que está ante un clásico de la literatura, puede pensar que va a ser un tostón, una presunción que el montaje trata de eliminar desde el comienzo, con un desarrollo trepidante que busca atrapar en todo momento'.
'No hay cambios de escenografía, todo sucede en el mismo emplazamiento, la prisión donde Duarte está condenado a muerte por los crímenes cometidos, y a modo de flashback se recrean sus recuerdos y él mismo se va integrando en ellos', señala el actor, quien destaca que 'una de las ventajas del teatro es que te permite mostrar varios planos de la realidad al mismo tiempo'.
Si hubiera cambios de escenarios o pausas, prosigue el intérprete, 'se perdería el pulso, toda la agilidad narrativa y capacidad de sorpresa que posee esta adaptación, donde las situaciones se suceden sin previo aviso y en la que Gayo ha condensado los instantes clave de la novela, dejando que sea el espectador quien rellene en su cabeza los huecos que faltan'.