Sábado 4 de septiembre de 2010
última actualización: 17:38
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Un total de 27 estados y 23 lenguas oficiales. Así es el mapa europeo actual, en el que el gallego es una de las lenguas minorizada de 40 millones de personas y se sitúa en una situación ‘intermedia’ que, no obstante, ‘necesita un empuje’, según desvela un estudio sobre este ámbito.
Concretamente, este informe en el que participa el investigador gallego Nicolás Xarmardo y que lleva a cabo la Universidad del País Vasco analiza algunos años de la presencia de las lenguas minorizadas en los medios de comunicación europeos, entre las que se encuentra el vasco, catalán, gallego, bretón, corso, frisón, gaélico, irlandés y el sami. Todas ellas suman unos 11 millones de hablantes y más de 30 millones de habitantes.
De este modo, este estudio revela que el gallego y el euskera se encuentran en una situación intermedia, lo que supone que cuentan con un ‘mínimos garantizados’, pero ‘con una serie de problemas estructurales’. Frente a ello, el catalán presenta un panorama ‘casi normalizado, pese a que tiene problemas en una serie de puntos’.
Nicolás Xarmardo apuntó que ‘aparentemente’ el gallego en los medios de comunicación ‘está bien’ pero que ‘hay una especie’ de situación de ‘no empujar, de no seguir hacia adelante con lo que hay que seguir’.
En su opinión, existe un abandono de los movimientos sociales en en este aspecto, porque ‘se confía en las instituciones, en lo público’, pero advirtió de que esta situación ‘puede ser peligrosa’.
‘Si no haces una fuerza importante, el castellano va ganando espacio’.
VISION DE FUTURO.
En cuanto a la visión de futuro, Xarmardo aseguró que ‘nadie es realista’ y postuló la ‘confianza en el pueblo’ como herramienta a seguir. Recordó que ‘era impensable’ hace pocos años tener una televisión toda en gallego o que algunos medios incluyesen en el idioma propio noticias.
No obstante, el investigador alertó de que el riesgo reside en que ‘dejar la lengua en manos de las instituciones’, es decir ‘dejar la lengua en manos de los demás’. ‘Hay que trabajar para normalizar la lengua y no dejarlo en manos de los demás’, porque ‘se pierde ese compromiso’, reivindicó.