Sábado 4 de febrero de 2012
última actualización: 13:18
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Con apenas 15 días, Manuel Fernández Fernández se ha convertido en el protagonista de las conversaciones de los vecinos de San Roque de Crespos, en el municipio de Padrenda. María Dolores Fernández daba a luz al tercero de sus hijos en la sala del velatorio municipal de Padrenda. Sin tiempo para trasladarla hasta Ourense, el personal sanitario que se desplazó hasta el lugar, optó por atender el parto en las instalaciones fúnebres, con la colaboración del padre y la tía del recién nacido.

Ni en plena calle, ni en un taxi, ni en un viaje en autobús, Manuel Fernández Fernández optó por venir al mundo en una sala del tanatorio municipal del Concello de Padrenda, en la comarca de Terra de Celanova. Sus padres, Manuel y María Dolores, todavía están conmocionados al recordar los hechos que les tocó vivir el pasado 20 de julio en San Roque de Crespos (Padrenda).
‘Según el médico, me tocaba salir de cuentas el día 28, pero estaba en casa y empecé a sentirme mal, así que llamaron al 061 y en apenas siete minutos el helicóptero estaba aterrizando en la explanada que hay junto al tanatorio, pensando que en él me trasladarían a Ourense para dar a luz’, relataba la madre, María Dolores Fernández. Tras un rápido examen, la médico del helicóptero les comunicó que en su estado no podían arriesgarse a llevarla a la ciudad, así que tenía que dar a luz allí mismo. ‘Nos preguntaron qué era el edificio, les contestamos que un tanatorio y nos pidieron que buscásemos las llaves, que iba a dar a luz allí dentro’, recuerda Sarito Fernández, tío del recién nacido.
A pesar del miedo de los progenitores ante la posibilidad de que se produjera alguna complicación en un lugar que no estaba acondicionado para atender una situación de estas características, la colaboración de una vecina (que llevó una camilla, sábanas y toallas) y la excelente actuación de los facultativos propició un parto ‘rápido’. Aunque, María Dolores añade que ‘el único pensamiento que me venía a la mente en esos momentos era que el niño iba a nacer donde otros se van’.
Una idea presente también, en la cabeza de sus dos hijas, Diana y Mónica que, a pesar de la alegría por el nacimiento de su hermano, reconocen que pasaron momentos de ‘mucho miedo’. Faltando quince minutos para las cuatro de la tarde, el pequeño Manuel calmaba con sus llantos los nervios de su familia, a la vez que era recibido entre los aplausos de los vecinos que se habían congregado en los alrededores del tanatorio.