Lunes 15 de marzo de 2010
última actualización: 18:58
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La Estación Termal de Outariz, inaugurada en agosto, presenta en sus instalaciones toda una serie de deficiencias que no hacen más que dar la razón a los que consideran se debía haber retrasado su apertura. La improvisación reina en una Estación Termal ‘en construcción’.
Los responsables de la empresa Ibernisha ya tuvieron que ejecutar diferentes reformas en la instalaciones de Estación Termal de Outariz cuando apenas hace un mes que abría sus puertas. Sin embargo éstas no parecen suficientes. La improvisación y la excesiva prisa por inaugurar las instalaciones ya han provocado las quejas de los usuarios de una Estación Termal construida en una superficie de 4.000 metros cuadrados, con una inversión de más de dos millones de euros y capacidad para 200 bañistas.
El gerente de la empresa Ibernisha, que también gestiona las termas de A Chavasqueira, declinó pronunciarse sobre las deficiencias que presentan las instalaciones que, pese a que en su apertura se vendía como uno de sus grandes atractivos, de momento carecen de restaurante. ‘Aún no está abierto, comenzará a funcionar en un corto espacio de tiempo pero las comidas son sólo por encargo’, explicaron en la Estación Termal.
No siendo el único, el problema de los accesos es uno de los más graves, a pesar de los anuncios desde el Concello de soluciones provisionales para llegar hasta la Estación Termal, algo imposible de hacer en coche. De momento, los accesos son un camino de tierra por el que sólo se puede transitar a pie o en el tren termal. Al llegar a la zona, un cartel de una conocida marca de chocolates y helados da la bienvenida al recinto.
Deficiencias
Hay más cosas que no funcionan. No lo hacen las losas termales (pizarra calientes sobre las que tenderse) y el exterior está sin adecentar. Nada más llegar, en un lateral se amontonan tablas de madera, cañas de bambú, sacos de cemento, plásticos y maquinaria. La mayoría de las cabinas terapéuticas están cerra das o no funcionan por falta de equipos y de sus paredes cuelgan folios plastificados solicitando a los bañistas silencio. Además, estos se sumergen en pozas desde las que se observan plaquetas del firme rotas y sueltas, la instalación de los cables del fluido eléctrico y las tuberías de agua ‘al aire’, además de restos de silicona y pintura despegados en las juntas del piso.