Jueves 18 de marzo de 2010
última actualización: 18:36
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La suerte volvió a darle la espalda al piloto español Carlos Sáinz, esta vez en el Dakar Argentina-Chile, prueba en la que tuvo que abandonar por un accidente cuando lideraba cómodamente la general de coches.
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La trayectoria de Carlos Sáinz está marcada por un palmarés brillante (dos títulos mundiales de rallys, en 1990 y 1992, y uno de todoterreno, en el 2007), pero también ha estado plagada de sucesos desafortunados.
El más recordado de todos es el que vivió en el Rally de Gran Bretaña de 1998, cuando tuvo que abandonar por una avería cuando ya veía la meta del último tramo.
Frases como ‘trata de arrancarlo’ o ‘la cagamos, Luis’ están asociadas a un piloto tan brillante como en ocasiones poco afortunado. Por el camino de Carlos Sainz se han cruzado ovejas, troncos y hasta cámaras de televisión.
Su primer contacto con el infortunio se produjo en 1989, en el Rally de Gran Bretaña. Cuando el madrileño estaba a punto de lograr su primer triunfo en el Mundial se rompió la transmisión de su coche a falta de dos tramos para acabar.
En el Rally de Cataluña de 1991 Sainz se disponía a sacar su coche del parque cerrado de Lloret de Mar (Gerona) para afrontar la última etapa, pero el motor de su Toyota Celica GT4 se negó a arrancar.
Ese mismo año, de nuevo en el Rally de Gran Bretaña, la junta de la culata de su Toyota Celica Turbo 4WD se rompió y Carlos Sainz se despidió de revalidar el título que ganó en 1990.
En 1994, otra vez en el Rally de Gran Bretaña, Carlos Sainz, que nunca supo cuál era el objetivo real de su equipo (Subaru), se salió de la carretera en la última etapa, en una escena recordada por todos por la célebre frase que Sainz le espetó a su copiloto: ‘La cagamos, Luis’.
Antes del incidente que le costó el título, Sáinz se encontró dos troncos en una curva que tuvo que esquivar. El primero estaba a la entrada de la curva y el otro a la salida. ‘El que los puso sabía lo que hacía, pero tuvimos bastante buena suerte al poder evitarlos’, comentó entonces.