Miércoles 8 de febrero de 2012
última actualización: 19:20
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La iglesia de Riós se quedó pequeña para despedir a Manuel Calvo, hallado muerto el lunes. En su vida no sólo tuvo millones regalados por la Primitiva, sino amigos y vecinos que lo querían. Fundó un ‘imperio’ que acabó en tragedia.
Manuel Calvo Vaz no sólo tuvo millones en su poder, tras haberle tocado nueve en La Primitiva en 2003, sino muchos amigos. La fortuna llegó a su vida sin avisar pero no alteró la esencia de su persona. Seguía siendo el mismo, con sus virtudes y sus defectos. ‘Era un insensato con un corazón muy grande’, lo definía así un amigo. De ahí que su trágica muerte -se suicidó- hubiera dejado helados a sus muchos amigos.
Su generosidad desmedida era bien conocida. Prestaba dinero y lo ofrecía cuando reparaba en la necesidad de los otros. Aportaba fondos a las fiestas del pueblo. Nunca daba un no por respuesta. Pero tampoco tenía mesura para llevar una vida excéntrica que no ocultaba. Le gustaba el juego. Hacía grandes fiestas privadas para sus amigos. Y perdía la cuenta como si la fortuna no tuviese límites. ‘No hacía daño a nadie, si acaso a él’, decía una vecina.
‘Chemanel’, como así lo llamaban sus paisanos, era muy querido. Los numerosos y sentidos comentarios a la noticia recogidos en www.laregion.es inmortalizan las condolencias de incontables vecinos que repiten incansablemente que era ‘un gran home, un amigo e moi humilde’. Pero nadie se percató de que algún mal, algunos dicen que deudas y el principio de la ruina, lo agobiaba. ‘Era tan bo que non soubo pedir axuda ou non nos dimos conta que a necesitaba’, lamentan vecinos.
Manuel Calvo trabajó como conserje del grupo escolar de Riós y, posteriormente, como operario de Protección Civil del Concello, puesto que abandonó cuando lo tocaron los nueve millones de euros.
Le apasionaba el mundo del motor. Lo primero que hizo al ganar la Primitiva fue comprarse coches de alta gama y montar una empresa de cosechadoras y maquinaria agrícola en Xinzo de la que, finalmente, se deshizo. Posteriormente, fundó otra firma de camiones, con sede en el polígono industrial de San Cibrán, dotada de 15 vehículos que mantenía en la actualidad y cuyo objetivo no parecía ser hacer negocio, cuentan los más allegados, pues hacía servicios a bajo precio (algo que despertó las iras del sector). En ella empleó a vecinos de la zona.