Martes 16 de marzo de 2010
última actualización: 19:21
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El consumo abusivo del alcohol, y con él el botellón, no sólo constituye un problema de orden, sino que es un grave problema de salud pública. Los expertos abogan por incidir en la educación, partiendo de la base de las familias y continuando en los centros educativos.
Consumir alcohol en exceso acarrea graves problemas para la salud y para el desarrollo de la persona y su entorno. Este problema de primer nivel, que deriva en una seria adicción y en una grave enfermedad como es el alcoholismo, se agrava más si cabe cuando el consumo empieza a edades tempranas. El botellón, con su carácter social, contribuye a deteriorar la salud y el desarrollo de los jóvenes. Y más si cabe en Ourense, única ciudad gallega sin medidas para evitarlo, ante la pasividad de las autoridades municipales, que se limitan a abogar, y así lo declaran, por la conciliación entre el ‘derecho’ de los jóvenes a divertirse y el resto de los ciudadanos, aun a costa de la propia salud de estos y del descanso ajeno.
Juan José Monedero, jefe del servicio municipal de Benestar Social en Ourense y médico con una amplia experiencia en conductas adictivas, explica que esta práctica es ‘preocupante’ por la falta de madurez fisiológica y mental de los jóvenes, con un sistema neurovegetativo sin formar y con la capacidad de autocontrol totalmente disminuida. Asimismo, destaca que Galicia es la única comunidad autónoma que todavía permite el consumo de alcohol a los jóvenes desde los 16 años.
Irresponsabilidad
La doctora en Psicología Isabel Calle abunda en que la práctica del botellón cuenta con un marco social que lo potencia, con el alcohol asociado a las celebraciones ya desde el núcleo familiar. Además, alerta de que las pautas de educación disfuncionales también arrastran a los jóvenes a las redes del botellón. ‘Hoy en día se le da al niño todo lo que pide, incluso antes de que lo pida. Los padres lo hacen para salvar el sentimiento de culpa de no poder dedicarles todo su tiempo y el niño se acostumbra a tenerlo todo al momento, a hacer lo que le plazca sin pensar en consecuencias. Ahí se fomenta la irresponsabilidad’, explica. Asimismo, el modelo educativo actual, lejos de fomentar las diferencias individuales y la autonomía personal, tiende a homogeneizar a los jóvenes, ‘entonces se bebe para ser como los demás’, relata Isabel Calle.