
La comparecencia protagonizada por la presidencia de la Confederación de Empresarios en esta cita reciente en la que Francisco Rodríguez ha expuesto su balance anual, ha reflejado con entera precisión las exigencias, los anhelos y los objetivos que caracterizan a un colectivo cuyo papel en la estructura social y económica de Galicia es de una importancia capital, y cuya aportación en trabajo, entrega y sacrificio es irrefutable. El discurso lanzado en la asamblea anual traza las inquietudes y el perfil de una clase empresarial de probada generosidad y dinamismo, y pone sobre el tapete el conjunto de necesidades y proyectos a corto y medio plazo indispensables y justos para contribuir al avance de una provincia clave en el desarrollo regional. Ourense es un centro neurálgico de intercambio de tendencias y relaciones comerciales e industriales, indispensable en el ordenamiento de la Galicia presente y aún de un modo más definitivo todavía, de la Galicia futura. Y así debe ser tratada. Lejos de ello, ninguno de los sucesivos presidentes de la Xunta han sabido invertir una situación que con el tiempo se ha ido agravando: Ourense es ya la última provincia de Galicia en generación de riqueza. También Lugo nos ha tomado la delantera.
El presidente ha señalado los aspectos esenciales para el despegue de Ourense. Su balance ha pasado revista por tanto a lo que nos hace falta, analizando una planificación aún incompleta que es necesario desarrollar en su totalidad para obtener las conexiones idóneas para la provincia y su capital con el exterior, tanto con el resto de nuestra geografía como con los territorios más alejados. Por eso, se ha referido con acierto y visión de porvenir al impulso que necesita la A-76 entre Ourense y O Barco de Valdeorras, una comarca esencial en la economía gallega, o la ansiada conexión con Lugo mediante la A-56 -como puerta natural de salida del comercio ourensano- hacia el exterior mediante el corredor transcantábrico y el paso hacia la Europa del norte. Pero estos apuntes exactos y definidos sobre la imprescindible reforma de vías que ayuden a mejorar la comunicación de la provincia con su entorno más próximo y más alejado también necesitan la compañía de otro tipo de actitudes y talantes que la CEO ha solicitado con energía y sensatez, y cuyos contenidos son tan necesarios y evidentes que son dignos de la adhesión inmediata y el respaldo de toda la clase empresarial de una provincia con motivos de exigencia sobrados y ocasiones constantes de hacer valer su queja por un tratamiento que se aleja mucho de lo que es justo y pocas veces acierta con lo que este territorio necesita
La intervención del presidente ha estado por tanto cuajada de referencias abiertas y francamente válidas sobre el terreno, con propuestas concretas y reflexiones sumamente acertadas que se formulan desde un análisis contundente de la situación por la que atraviesan los empresarios ourensanos (a los que las entidades financieras han cerrado el crédito de forma despiadada e irracional) y cristalizan en proposiciones valiosas como la de instituir la figura del mediador de crédito, que ya figura con éxito en las disposiciones de países como Francia y que, sin duda, desarrollaría un rol de indudable interés en una situación como la actual en la que se necesitan soluciones eficientes.
Es de celebrar que Francisco Rodríguez, por el cargo que representa, se exprese con precisión y argumentos tan decididos. Este discurso -el que el presidente de la CEO arma cuando toca asamblea anual- debería ser el discurso permanente. El de cada día. No caben mensajes ambiguos, ni silencios conciliadores, ni vaguedades que eluden el fondo de la cuestión para evitar la polémica. El empresario ourensano necesita un presidente que se exprese con claridad y contundencia durante todo el año. En esta ocasión, tanto el tono como el contenido responden a las exigencias del tiempo y coyuntura en la que vivimos, y por tanto cumple con creces los objetivos previstos en defensa del empresariado ourensano y los intereses de nuestra provincia. Si otras veces no ha convencido, en este caso sí lo ha hecho plenamente.