
Si la Naturaleza no hubiera sido tan extremadamente parca conmigo en el aspecto pictórico, podría pintar un gran retablo de la historia española por medio de sus principales parejas. Pero las carencias en la creación colorista las suplió con unas neuronas frontales engarzadas y activas, por lo que recurriré a la expresión escrita para describirles ese hipotético cuadro. En él figurarían, por supuesto, Isabel y Fernando como alfareros de este Estado amasado con barros de diferentes solares; Quijote y Sancho encarnando la mentalidad, ora pedestre ora soñadora, del españolito de a pie; la política cainita podría representarse con holgura, pero valdría con las figuras de Franco y Negrín; en los angulares del lienzo pondríamos, por ejemplo, los escudos del Barça y del Madrid como símbolos de la rivalidad territorial -valdrían también el de mi Celtiña y el del Depor-; tendrían lugar destacado Mortadelo y Filemón representando la tendencia precoz al disparate, tan profesionalmente asumida por algunos políticos y jueces actuales. Ahora bien, en lugar central y bien visible, destacaría a un par de pícaros trileros: Los Albertos.
Ya recordarán nuestros ávidos lectores que Los Albertos saltaron a la fama en la década de los 80 por dos razones: Sus espléndidas esposas, las hermanas Koplowitz -una de ellas de impactante sonrisa vertical en el atardecer parisino- y sus blancas gabardinas que destronaron al tradicional guante blanco de los cacos finolis. Tras la caída de Mario Conde, De la Rosa, Muñoz y cía.., esta pareja de profesionales pelotaris del pelotazo son los últimos supervivientes del monipodio felipista. Estafaron a sus socios más de 4.000 millones de las pesetas de 1988 y por ello fueron condenados a prisión, pero ambos tocayos consiguieron demorar la ejecución de la sentencia hasta que hace unos días en que el Tribunal Constitucional enjuagó, lavó y centrifugó todos sus delitos. Judicialmente blancos como querubines y con la pasta estafada en su poder.
Justicia ciega, sorda y muda. Creer hoy en la justicia de este país está siendo un mérito mayor que la fe del cristiano, que cree en lo que no ve pero tienen esperanzas de llegar a ver; creer en esta Justicia es creer en lo invisible con la certeza de un mañana similar.
En este país siempre se recuerda que a la beautiful people se le han reído e incluso admirado las gracias trinconas, de ahí el dicho de que en España los vicios del rico se perdonan más fácil que los defectos del pobre. Tal vez tenga algo que ver con esto que en las escuelas se den a leer a tempranas edades el Lazarillo o Rinconete y Cortadillo, o que en los medias se difunda la vida y milagros de la troupe malaya marbellí, para que nuestros vástagos vayan comprendiendo que ’quien no vale para trincar, pues a trabajar’.
Los Albertos son linces ibéricos enfundados en gabardinas, especie protegida por algunos jueces capaces de ver lo que nadie ve: que la Constitución está llena de inconstitucionalidades, que 30 puñaladas por la espalda a una mujer no es ensañamiento, que la violaron con razón por acudir al trabajo enseñando los calcañares o que ciertos tipos de estafas se cometen dentro de la más estricta legalidad.
Los ricos, amigo lector, necesitan cariño y comprensión pues irrigan diariamente al cuerpo social de beneficios materiales y también de enseñanzas morales. Esta idea la explicó claramente en el parlamento británico Margaret Thatcher con una parábola bíblica: ’Lo que convierte en ejemplar al Buen Samaritano no es que tuviera compasión por el caminante asaltado, sino que éste tenía dinero para pagarle la posada’.
Mientras tanto, a usted, sodomizado del buzo o de la bata blanca, no se le ocurra dar plantón a su banco en la letra mensual, porque ya sabe que, en el contrato hipotecario que suscribió, el impago figura como causa ejecutiva de embargo. Parado con cargas familiares, no se le ocurra poner cepillos para atrapar gorriones; recuerde aquel desempleado que por llevarse algo a casa para hacer sopa capturó un lagarto en la sierra madrileña y le endilgaron judicialmente prisión y cinco millones de pelas de multa. Tampoco se encabriten porque a muchas cuentas de los etarras y adláteres, embargadas a nivel europeo hasta el pasado mes, se les haya levantado tal situación por no haber solicitado su renovación a tiempo la judicatura española, error por omisión: anda la judicatura en otros quehaceres errando por acción. Es todo por hoy. Traten con cariño a su mascota, nunca les defraudará.