
Hacía tiempo que no acudía a un recital en él. Hora de volver, pues, y el jueves siempre es un buen día, y mejor noche, para poder escuchar a un cuarteto como el rioplatense Arguy, con milongas camperas, boleros o tangos, a ritmo de jazz. Es el café Latino, lugar que quizás debiera llamarse New Orleáns, por eso de su tradición de jazz, donde es un clásico que ya lo quisiera para sí Vigo o Coruña (por no salir de Galicia), pues con Madrid y Barcelona, Ourense, gracias al Latino, disfruta de un estatus altura internacional. No duelen las mejores palmas aplaudidoras cuando se trata de reconocer lo que se hace bien en la tierra, pues, además y por desgracia, no hay demasiadas ocasiones para juntarla animosamente, así que, sin ambages ni recompensas, clap, clap, clap a Eduardo, dueño del Latino, por su esfuerzo y tenacidad para regalar a Ourense este gran espectáculo musical. También a Marco Vázquez, como representante de la Fundación Florencio Álvarez, que se ha sumado este año a la potenciación del festival de Jazz de primavera de Ourense mediante la interesante iniciativa de aprovechar al músico que también es conferenciante, Michael Camilo, para que dé lección magistral a todos los músicos y alumnos de música de Galicia, que lo agradecerán con abarrotadota presencia; el aforo del Conservatorio está completo, al parecer, llegando incluso autobús fletado desde Santiago.
Pero volvamos al Latino, a los sones musicales que hoy nos sacan tics del cuerpo y tamborileo de dedos mediante el elegante smoking de los instrumentos, negro piano de blancas teclas, el contrabajo, trompeta y batería. Fuera luces ambiente, adelante humo denso, y a disparar su máquina Santiago Barreiros para seguir captando imágenes que puedan acompañar a tantas suyas en blanco y negro que cuelgan historia por las paredes. También, aunque de otra manera, otros intentan guardar estos vibrantes momentos con máquinas digitales, Perianes, o incluso con teléfonos que graban, cual Adrián Claro. En el Latino, todos los músicos internacionales tocando para unos cuantos de público es un lujo, que por repetido no deja de serlo, y que solo algunos ourensanos saborean mientras otros muchos no se enteran.
El Boi
Sábado, día grande de fiesta. El Boi sube y baja calles en cuesta. En la plaza del Ayuntamiento se amarra. No hay alojamientos durante el fin de semana en kilómetros a la redonda de su cuerda. Se ha puesto de moda. Con todo merecimiento, por cierto. Hoy, una pandilla de amigos respondemos a la llamada del vecino Vispo para celebrarlo. Con susto incluido, pues Esther, clavada por el miedo al ver darse la vuelta al Boi de repente, está casi a punto de ser embestida por la bestia. Bestia de más de 600 kilogramos. Menos mal que estaba ahí su marido, Rodríguez, con reflejos juveniles, para tirar del brazo y sacarla de delante del bicho. Abella y Abel, con Miluca, Arancha, Paloma, Ramiro (librero de Celanova) y Marita, son unos de tantos que tienen que degustar comida más allá de la villa, en Zadagós, pues no hay sitio vacío en ningún restaurante; casi un acierto, pues la casa Fidalgo de José Manuel Penín (el cazador), que ya fue protagonista de artículo periodís tico de Luis Otero, sirvió un cordero a la altura de la exigencia de comensales expertos; ¡y vaya chorizos! Pero no fue único susto el de Esther sino que en la plaza del Ayuntamiento, en la carrera de la una y media del mediodía, un señor y una chica caían desde la altura de dos metros que hay en el lugar único donde hay barandilla, sin lamentar mayor desgracia porque Dios no lo quiso, pues era, al menos, de quedar bien heridos. Las peñas disfrutan con la fiesta, y se ven camisetas hechas para la ocasión, cada año distintas, por el sobrino de los Oro, que lucen la peña de amigos de Iván, Paloma y los gemelos Barbosa. También hay personas como Nacho que, cual hace Pablo (de Laza y carnicero del Froiz) en tiempo de carnavales, piden parte de sus vacaciones para dedicarlas enteramente a disfrutar de las fiestas de su pueblo. Pero, a modiño siempre, pues sobran accidentes como el sufrido hace años por uno de los Folios con un nudo del sedeño que le cobró un ojo, como para tomarse a más coña de la que conviene al riesgo. A última hora del domingo se acabó la fiesta con otro accidente a consecuencia de la caída de un muro.
En fin, el Boi de Allariz va camino de la medalla de oro en fiestas gallegas, acercando a la villa a mucha gente de fuera, pero (siempre algún pero para no creérnoslo) que algunos contengan más el exceso de euforia que se meten, por muy bueno que esté el vino, pues, dándoles por enseñar el culo, y culo feo, lastiman el buen gusto; sobre todo, no descuiden la seguridad. Así pues, cultura del Boi in crescendo, con libro propio editado, ‘Dúas décadas de revigoramento social (1982-2003)’, aunque con craso error incluido en página 76 al escribir Xián Bobillo que: ‘os bois de raza vianesa posúen un peso medio en idade adulta entre os 560 kg para as femias e...’; porque, a no ser que esté hablando de trasvestidos bois, el boi es sólo boi, que no fémina, por mucho feminismo que se quiera. Que el próximo año no llueva, y ¡viva el Boi!