Finalmente el lehendakari Ibarretxe ha conseguido la mayoría parlamentaria mínima, 34 votos, para aprobar su proyecto de Consulta. Mucho se ha hablado y escrito sobre el tema, sobre su legalidad o no, sobre las razones de fondo que la impulsan, su trascendencia a largo plazo o si responde a una estrategia cortoplacista, en definitiva, su incidencia en la sociedad vasca y española.
Desde el punto de vista legal, con independencia de que el Tribunal Constitucional dictamine la insconstitucionalidad de la Consulta que no es referéndum será necesario constatar de entrada que su ilegalidad es más que discutible. Tanto los modificados Estatutos autonómicos de Andalucía y Catalunya figuran artículos no recurridos por el PSOE ni PP que facultan a dichos parlamentos a realizar consultas de este tipo. Es previsible un dictamen de inscontitucionalidad, habida cuenta de la compasión del TC, pero es también previsible que se presente con votos particulares en contra del dictamen.
No existe hoy partido político vasco que esté convencido de la realización de tal consulta. ¿A qué entonces tal empecinamiento mesiánico de Ibarretxe y que, además, cuenta con notable oposición interna en su partido? Fundamentalmente son las claves electorales, unidas a su personalismo exarcerbado y a las ansias de permanencia en el poder como lehendakari, reduciendo a cenizas tras la aprobación de esta ley las posibilidades de cualquier alternativa discrepante interna de partido con respecto a su persona. El actual contexto obliga al PNV a cerrar filas, anular otros debates internos sustanciales y tratar de encarar unas elecciones anticipadas en las que el riesgo de pérdida del monopolio del poder que viene ostentando desde hace treinta años es real.
Ibarretxe ha resuelto satisfactoriamente el problema de alcanzar la pírrica mayoría, captando un voto del PCTV, en base a dos cuestiones: evitar una condena rotunda de la sociedad vasca contra el terrorismo etarra en la primera pregunta, e introduciendo el derecho de decisión en la segunda, por un lado, y por otro, para favorecer la estrategia de confrontación con el gobierno de Madrid, manantial permanente que alimenta el imaginario martirológico del nacionalismo. De facto, la intervención de la portavoz de EHAK no se ha desviado un ápice del análisis sobre el tema que ETA publica en su último Zutabe (revista clandestina oficial del colectivo de la dirección etarra).
La Consulta planteada cae sobre una sociedad vasca hastiada de la inoperancia de unos políticos nacionalistas empecinados en caminar con una trayectoria espiral que a ninguna parte lleva y cuya consecuencia más inmediata es el abandono de los problemas acuciantes del día a día de una sociedad vasca que ve retroceder su calidad de vida.
En tanto ETA no desaparezca y no se consoliden acuerdos transversales de convivencia que puedan conllevar a un nuevo Estatuto más posibilista, apremiantemente necesario, el futuro político vasco en manos exclusivamente de este nacionalismo errático será de confrontación social, porque buscar la autoafirmación nacional marcando y excluyendo las diferentes identidades sólo conlleva a la fractura. Nada nuevo, aunque triste, en la política vasca desde el Pacto de Estella. No obstante, esperanza en el cambio, a pesar de estas situaciones institucionales y del inminente retorno de la actividad asesina etarra.