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Preguntas en el aire
Miguel Quintas Coelho
Tiempo estimado de lectura: 3 min 45 seg Enviar a redes sociales Imprimir el artículo Agregar a favoritos Descargar en PDF Enviar por correo Texto normal Texto grande
25-11-2007
Miguel Quintas Coelho
¿Por qué Al Gore deja de lado los productos tóxicos que en ingentes cantidades lanza al aire la industria americana?  E n la época de fugaz docencia universitaria, mis alumnos dieron perversamente en apodarme ’El Crudo’; mis  amistades, más benévolas, murmuran que en  ocasiones me aflora la vena incisiva y un tanto  cáustica. Creo que exageran porque, a lo  sumo, me reconozco como preguntón impenitente y a veces indagar resulta molesto porque conduce a deducir que no todo lo que  reluce es oro.  Llevo unos días cuestionándome la figura  de Al Gore, de forma muy diferente al señor  Rajoy y su primo, por supuesto. Este prócer  norteamericano, graduado en Administración  Pública por la Universidad de Harvard y en  Derecho por la Universidad de Vanderbilt  (Tennessee), orador que predica una revolución de las conciencias universales para que  el género humano nos enfrentemos con medidas eficaces al cambio climático  en un plazo máximo de diez  años, ¿es el mismo Al Gore que  en 1998 y 1999 amenazó prepotentemente al vicepresidente  sudafricano Dhabi Mbeki -posteriormente presidente- con  retirarle toda la ayuda a la  República Sudafricana si no  desistía de sus empeños de  importar o fabricar fármacos  genéricos contra el azote del  SIDA, siendo mucho más baratos y tan efectivos como los  específicos? ¿Es éticamente  defendible escudarse tras los  supuestos derechos de mercado de la patente de las multinacionales frente a las crueles  consecuencias del sida? Este Al Gore, directivo de  Apple y asesor de Google, alabado por sus altruistas recogidas de fondos contra el cambio  climático, ¿es el mismo personaje que en su campaña presidencial en el año 2000 recibió  cuantiosas aportaciones precisamente de los macrocomplejos farmacéuticos que se sentían  perjudicados por la producción  y venta de todo tipo de fármacos genéricos? Este Al Gore,  archimillonario, dueño de  Generation Investiment Management, con sede en Londres y asesor a sueldo  del gobierno británico en materia de  medioambiente, ¿es el mismo personaje que  dio su apoyo al bombardeo de la fábrica sudanesa de El-Shifa, 20 de agosto de 1998, donde  se fabricaban el 90% de los medicamentos  que se utilizaban en aquél país y que desde   entonces depende exclusivamente de las multinacionales farmacéuticas? ¿Le concederían el  Nobel de la Paz por tan gloriosa acción justificada mediáticamente bajo el eslogan de eliminar las posibilidades de una guerra química?  Este Al Gore, reciente Premio Príncipe de Asturias, defensor del medioambiente, ¿es el mismo que en 1999 apoyó institucionalmente el  ’Plan Colombia’ para el empleo sistemático  de un herbicida, llamado glifosato, que fumigado desde el aire sobre zonas de cultivo de  coca y territorio de la guerrilla iba a terminar  con los problemas de narcotráfico? El glifosato,  que produce un nocivo y perdurable impacto  ambiental sobre todo tipo de vegetación, provoca directamente también el aborto en animales y seres humanos.  Este comunicador incansable que nos recomienda un consumo más austero con con sejos tan detallados como ’usar menos agua  caliente, inflar adecuadamente los neumáticos, emplear menos el automóvil, desenchufar  electrodomésticos cuando no se usan, no  comprar productos con envoltorios muy elaborados, etcétera, ¿es el mismo individuo que  en su gran mansión de Nashville consume  400 veces más energía al año que la de un  hogar medio español? Este Al Gore, presidente de Current TV, cuyas filmaciones ha  prometido el presidente Zapatero que van a  ser adquiridas -a precio nada módico- para  su divulgación en las escuelas de España, ¿es  el mismo que afirma que los osos polares  tienen que nadar hasta 60 millas para encontrar hielo? Este Al Gore, al que la revista Scientific American nombró político del año en  2006, ¿es el mismo Al Gore que ya en 1990  apoyaba que se tomaran medidas drásticas  para reducir la población en los  países pobres del mundo? No  hay persona que a estas alturas  ponga en duda que el exterminio o al menos un eficaz descaste o diezmado de la población de los países más pobres,  atrasados o con recursos energéticos apetecibles para la  voracidad del primer mundo  tendría como efecto una ascenso en el nivel de vida y renta  media de los países poderosos  pero, ¿no es eso genocidio?  ¿Hace falta se alemán, rubio,  dolicocéfalo y nacional-socialista, haber desfilado voluntariamente al paso de la oca entre  1939 y 1945 para ser acusado  de cometer o impulsar tales  barbarides? Evidentemente la  ideología del Reich pervive  camuflada tras otras apariencias y más esparcida geográficamente de lo que los comunes creemos. Finalmente, por  cuestión de espacio, puestos a  hablar del efecto invernadero  que alterará la vida de la Tierra,  ¿por qué Al Gore deja de lado  el metano, el óxido nitroso, el  hidrofluorocarbono, el perfluorurocarbono o el hexafluoruro  de azufre, productos que en  ingentes cantidades lanza al  aire la industria americana? ¿O no tienen nada  que ver con el cambio climático? Nada, amigo  lector, mi incontinencia me ha hecho perder  otro posible amigo. Aunque, bien pensado,  esta era una de esas amistades de las que  el Señor me guarde, porque de mis enemigos  ya me ocupo yo. 

  

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