Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo, no en el resultado (Gandhi) (A Marcos Valcárcel)
La proximidad de las elecciones autonómicas lleva a punto de ebullición la actividad de los partidos políticos, tanto hacia fuera como dentro. Es mucho lo que está en juego, ya que para sus intereses no es lo mismo un resultado que otro y menos si lo que las encuestas vienen apuntando en los últimos meses es cierto, en el sentido de que las ventajas son mínimas o incluso podría decirse que existiría en estos momentos un empate técnico entre el PPdeG frente a la suma de PSdeG y BNG.
Teniendo en cuenta que las elecciones serán en marzo, según ha afirmado anteayer mismo el presidente de la Xunta (por cierto, qué raro este Pérez Touriño, que veinticuatro horas antes se negó a aclarar fechas tras la comparecencia oficial después del Consello de la Xunta, para ir a contárselo calentito a uno de los popes de la radio, que no es gallego, tal vez por creerse en la necesidad de ofrecer incienso a las figuras), quedan justamente tres meses, que es ya muy poco tiempo.
La precampaña hace meses que está en marcha, no tan intensa como en las generales pasadas, pero sí perfectamente perceptible. Bloque Nacionalista Galego y Partido Popular de Galicia ya han proclamado incluso a sus respectivos candidatos en las personas de Anxo Quintana y Alberto Núñez. Los socialistas son los que llevan más retraso en este aspecto (Touriño será refrendado a mediados de diciembre), pero en cambio montaron una campaña el mes pasado que llevó a los principales dirigentes a recorrer todo el territorio gallego explicando las medidas adoptadas por el Gobierno central contra la crisis, pero también haciendo balance de la acción de gobierno de la Xunta a lo largo de los últimos casi tres años y medio.
Movimientos
Por dentro, han comenzado los movimientos de posicionamiento con vistas a las can didaturas. La gran mayoría de los que hoy ocupan escaño en el Parlamento do Hórreo tienen la pretensión de continuar, bien porque consideran que todavía tienen objetivos pendientes, porque les satisface el trabajo, porque se han acostumbrado a él o porque, simplemente, el de diputado es ya un modo de ganarse la vida como otro cualquiera. Bueno, no, mejor que la mayoría de los ciudadanos y encima da la oportunidad de poder estar en lugares y acontecimientos que al resto de los ciudadanos les resultan de muy difícil acceso.
Prácticamente por las mismas razones, pero añadiendo la obviedad de que los cargos de elección no son vitalicios, son muchos los militantes que se sienten legitimados para poder aspirar a tomar el relevo. Así las cosas, las acciones para convertirse en pieza del puzzle electoral son continuas. Alianzas o conspiraciones políticas se suceden en busca de un hueco al sol.
Se trata de una de las caras más áridas de la afiliación con pretensiones, donde el argumento ya no vale nada mañana y donde pueden darse situaciones paradójicas. Recuérdese, por ejemplo, en el PPdeG de hace años, o incluso más atrás, en tiempos de Centristas de Galicia. Victorino Núñez situó a Manuel Cabezas en el primer peldaño de la vida política dándole la gerencia del Inorde. Después, ya en el PP, Baltar le coloca como cabeza de lista al congreso en 1993 y candidato a la alcaldía de Ourense en 1995. Lo sucedido después ha quedado reflejado con profusión en letras de molde.
Sin embargo, lo que seguramente desconocen o han olvidado quienes estén alejados del mundillo político es que cuando Victorino Núñez abandonó la presidencia del Parlamento gallego accedió al Senado en representación de la Comunidad Autónoma por decisión de Fraga. Para generar una vacante, Luis Antonio Chao hubo de renunciar a su acta en la Cámara Alta. Con el correr del tiempo, fue Cabezas el que tuvo el antojo de instalarse en el madrileño palacio de la Plaza de la Marina, el mismo Fraga invitó a Victorino Núñez a irse a casa para dejar el sillón a su padre en la política. Quiso el azar que cuando las urnas jubilaron al veterano político popular de la Xunta, que había puesto los senadores durante 16 años, reclamase vivir su retiro en el Senado. ¿Quién dejó el sitio?... Corina Porro, por aquella etapa también alcaldesa de Vigo.
Fíjese como se suceden los acontecimientos. Mientras, por el medio van quedándose en la cuneta centenares de militantes (en todos los partidos), preparados, ilusionados, que no sólo se limitan a pagar la cuota, sino que aportan su granito de arena por la idea en la que creen.
Los hay que nunca son llamados a nada, pero también se dan casos de gente que ofrecen el perfil perfecto para una lista y no acceden a ella por el simple veto del dirigente de turno, apelando a la hipotética heterodoxia del aspirante, a pesar de que no haya otro que pueda medirse con él en determinada materia por conocimientos y competencia. Qué cosas.