La Región de Ourense de la A a la ZBuscar en La Región de Ourense
Galerías
Encuestas
¿Te parece justa la condena del Tribunal Supremo a Garzón?
  
  
No

RSS, OPML y ATOM
RSS 2.0 RSS 1.0 RSS 0.91 ATOM 0.3 OPML
Agregadores
technorati Google

Los feeds de RSS, Atom y OPML permiten importar de forma automática el contenido de La Región de Ourense. Pulsa para obtener el código XML. Bastará copiar la URL generada al navegador, programa o sitio web de destino.

Los agregadores de Technorati y Google te permitirán incluir la página en los favoritos online de estos servicios y compartirlos con otros usuarios.
Somos nuestros esclavos
Miguel Quintas Coelho
Tiempo estimado de lectura: 3 min 30 seg Enviar a redes sociales Imprimir el artículo Agregar a favoritos Descargar en PDF Enviar por correo Texto normal Texto grande
10-12-2007
Miguel Quintas Coelho
Llevo una vida de perro, corriendo de un sitio para otro, con la lengua fuera sin dar abasto a las cien mil cosas que hay que hacer cada día; hasta me traigo el trabajo a casa. No tengo tiempo para nada. ¿Quién no ha dicho esto, en más de un momento, estos últimos tiempos? En la actualidad todo se hace de prisa y corriendo, aún en edades cercanas a la merecida jubilación, época en la que lo más conveniente es ver fluir la vida navegando por los remansos placenteros de la actividad autorregulada y hedonísticamente planificada.

La gestión del tiempo se ha convertido en uno de los problemas mayores de los ciudadanos de las sociedades denominadas avanzadas, por utilizar un eufemismo generoso y no pocas veces falso. Buscamos rentabilizar el tiempo llamado productivo, de lunes a viernes; alcanzar al máximo su optimización en términos económicos y financieros, tanto desde una perspectiva individual como desde la lógica productiva propia de las empresas, especialmente las privadas.

La presión que nos hemos impuesto rebautizada con términos como productividad, rentabilidad, evaluación, valoración, control de calidad, calidad total, etcétera, presenta, entre otros elementos en los que no puedo entrar aquí por limitación de espacio, el denominador común de una hiperaceleración con efectos nefastos no solamente en la dimensión más íntima de las personas y de las familias, lo que ya es mucho, sino también en el establecimiento y conservación de las relaciones sociales, rompiendo necesarias solidaridades pues no tenemos el sosiego necesario para encontrar el momento de una conversación o que esta sea relajada. Vivimos enfrentados a la tiranía del reloj. En su dura, pero reposada vida, decían nuestros ancestros que el tiempo es oro y la lentitud aparece hoy como un contravalor.

Hoy, además, la aceleración de la vida afecta también al tiempo de ocio convirtiéndolo más en un tiempo de consumo que de convivencia. Ya estará pensando, amigo lector, que llegado a este punto mi intención es analizar los hábitos consumistas y el desajustado tren de vida de muchos adolescentes en su interpretación del ocio. Pues no. Con ser mucho lo que podría hablarse sobre el tema, prefiero continuar refiriéndome a nosotros, a quienes ya la juventud nos va sonando, afortunadamente, a patria lejana.

Ya no nos conformamos con trabajar para vivir, vivimos para trabajar. Nos incluimos en una sociedad de consumo que junto al espejismo de hacernos creer el mito de que somos imprescindibles y sujetos libres, nos ha imbuido de unas necesidades de oferta recreativa, cultural, mediática, etcétera imposibles de alcanzar. Unas expectativas que nosotros mismos mantenemos, fomentamos, soñamos e idealizamos durante el tiempo productivo e imposibles de satisfacer en su totalidad en el tiempo de ocio; una emulación a perseguir en las relaciones sociales y profesionales, un ascenso en la escala social y un aumento en la capacidad adquisitiva que obligan a residencias secundarias (primer valor actual para los franceses), vacaciones en lugares cada vez más distantes o ’diferentes’, lugares que es preciso haber visitado, revistas que hay que haber leído o al menos ojeado para mantener una conversación, programas de televisión que hay que seguir puntualmente, o al menos conocer.... Manifiestamente hemos perdido el juicio.

Un académico de la Lengua, Fernán-Gómez, acaba de abandonar definitivamente su notorio sillón y entre sus muchos legados, casi todos ellos centrados en la dignidad de la persona y el valor de la libertad, uno por antonomasia quisiera hacer mío: la potestad de llegar a ser tan libre como él y poder gritar ¡a la mierda! cuando me venga en gana, la situación lo requiera o el trabajo me sature. Lo veo difícil de alcanzar, pero mientras tanto, seguiré los consejos de la siempre trabajadora y sonriente nonagenaria xunqueirana, Cristalina: Neno, unha vez rematado o traballo, non hai cousa que máis preste o corpo que sentarse na solaina e ver medrar as herbas. Sabia, sensata y barata medicina para el cuerpo y la mente que todos debiéramos aplicar.


Barreiros sinopsis Barreiros trailer