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Una de cal y otra de arena
Jaime Rodríguez Arana
Tiempo estimado de lectura: 3 min 15 seg Enviar a redes sociales Imprimir el artículo Agregar a favoritos Descargar en PDF Enviar por correo Texto normal Texto grande
23-03-2009
Jaime Rodríguez Arana
A estas alturas todavía no sabemos a ciencia cierta si la manera de gobernar de Obama es hacer guiños a uno y otro lado del espectro político. Si hace unos días el inquilino de la Casa Blanca levantaba el veto a la experimentación e investigación con células embrionarias, ahora sale con un plan de reformas educativas que poco tienen que ver con la manera demócrata de entender la educación. Más bien, como ahora comentaré, lo que acaba de apuntar el presidente Obama apunta más hacia una concepción liberal y abierta de la educación, algo que, en efecto, contradice muchas de las tesis intervencionistas y burocráticas del partido demócrata en materia de enseñanza.

En materia educativa, según acaba de proclamar el flamante nuevo presidente de USA, no habrá posiciones ideológicas pues lo relevante es mejorar la educación a base de trabajar sobre la realidad. Para ello, ha propuesto incrementar las retribuciones de los profesores que consigan mejores resultados en sus alumnos. Esta medida, razonable y lógica, siempre encontró en los sindicatos de profesores una feroz oposición en la medida que podría abrir diferencias en un ambiente que se quiere que sea igualitario y plano. Otra iniciativa que acaba de plantear Obama, contraria, según parece, a la perspectiva tradicional de las políticas educativas demócratas es la relativa a promover y estimular las llamadas ‘charter schools’: escuelas que son financiadas con fondos públicos, pero que funcionan con arreglo a modos de gestión y dirección privados. Se trata de escuelas que ofrecen un compromiso de excelencia con estándares bien concretos. Si no los cumplen, pasados unos años cierran sus puertas. Obama, pues, parece partidario de una educación basada en el trabajo, en el esfuerzo y, sobre todo, en apoyar lo que funciona bien, sea público o privado. En este contexto, el inquilino de la Casa Blanca también ha anunciado que pretende incrementar el número de horas lectivas del calendario escolar, así como el número de años mínimo de la enseñanza obligatoria. Este conjunto de medidas van dirigidas a exigir a las escuelas que aumenten el nivel de exigencia a los alumnos como camino para recuperar el liderazgo de los EEUU en el mundo, también en materia educativa.

Para implementar estas nuevas políticas habrá que aumentar el gasto público, lo que, si va orientado a la mejora de la calidad educativa, es dinero bien gastado. Sorprendentemente, los sindicatos de profesores, a pesar de que el presidente Obama acaba de anunciar algunas medidas contrarias a su posición, han acogido con esperanza las nuevas políticas porque, como dijo el presidente de la Federación Americana de Maes tros, finalmente tenemos un presidente por la educación.

Habrá que ver de qué manera y en qué medida las medidas concretas que se adoptan en materia educativa caminan en esta dirección o si sucumben ante la presión sindical. Por de pronto, las ideas de Obama en materia educativa son adecuadas porque superan el pensamiento ideológico para situarse en la mejora permanente de la realidad sin aprioris o prejuicios. Sin embargo, lo mismo no puede decirse de su política sobre investigación con células embrionarias. Por eso, a día de hoy, al menos para mí, subsiste la duda sobre si Obama gobernará a base de una de cal y otra de arena. Si quiere congraciarse con unos y otros adoptando políticas en unos casos demócratas y en otros supuestos republicanas, puede llegar a ser cuestionado por unos y otros. El tiempo, que siempre es el mejor testigo, en estas cuestiones, nos dirá si Obama consiguió unir al pueblo americano o si, como ha hecho Zapatero en España, fragmentó a la ciudadanía. Por lo pronto, el índice de confianza de los norteamericanos en el nuevo presidente es semejante al de George W. Bush en 2001. Otrosí digo: la política educativa patrocinada por Obama está en las antípodas de la política intervencionista, burocrática y contraria a la libertad que se estila por estos pagos. Por tanto, tampoco en materia educativa Obama y Zapatero coinciden.

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