Félix Rodríguez de la Fuente logró que millones de españoles se sintieran atraídos por los lobos, pero tras su muerte en 1980, y aunque siga vivo en televisión, la pasión por los animales que lo hicieron jefe de manada va extinguiéndose lentamente. Fernando Savater acaba de publicar un artículo sobre novelas y cuentos alrededor del animal que, domesticado, es nuestro perro. Recuerda Savater la jauría de Akela, que crio al Mowgli de Rudyard Kipling; a la épica grandiosa del Colmillo Blanco, de Jack London; a Kazan y los cazadores de lobos de Curwood, y al recién aparecido ‘El Lobo’ de Joseph Smith.
Y sigue con sus autores, como Edmond Hamilton y su ‘El valle de la Creación’; sobre un hombre atrapado en el cuerpo de un lobo (Alianza); el chino Jian Rong con ‘Tótem lobo’ (Alfaguara), y Mark Rowlands, que escribió ‘El filósofo y el lobo’ (Seix Barral) narrando su amistad de diez años con su lobo Brenin.
Savater no olvida a Caperucita, pero no recuerda a ningún autor español, lo que indica que se ha perdido ‘El círculo del lobo’ (Almuzara), primera novela del cordobés Antonio Calzado que funde mitología, leyenda, con la vanguardia científica de la manipulación genética con fines político-ideológicos. Calzado posee el secreto de los hombres-lobo, razón por la que quizás situó su historia, estudiando el territorio y las costumbres a través de internet, porque nunca estuvo allí, en la Galicia donde actuaba Romasanta, hombre-lobo del siglo XIX. La gente creía que este chamarilero comía doncellas, y sobre su existencia escribió una apasionante reconstrucción novelada Alfredo Conde, descendiente del médico que trató al supuesto licántropo.